FCAS: Alemania comienza a responder a Francia, y busca conciliar

En un momento crítico para la defensa europea, las recientes tensiones en el programa Future Combat Air System (FCAS) han sacudido la cooperación militar, en este caso con un fuerte trasfondo franco-alemán y, en menor medida en esta disputa (que sepamos), español. El canciller alemán, Friedrich Merz, ha dado un ultimátum: la reivindicación de una participación del 80 % del trabajo industrial por parte de Francia amenaza con descarrilar el proyecto, y Berlín exige que se respete el reparto acordado originalmente, para lo que han establecido una serie de encuentros durante los próximos meses, a fin de conseguir reconducir la grave situación en que finalmente se encuentra el proyecto.

Merz, en rueda de prensa junto al secretario general de la OTAN, Mark Rutte, advirtió que Alemania no tolerará una «revisión unilateral» del acuerdo con Francia y España, y necesita que la composición del consorcio se clarifique «en los próximos meses». El futuro del FCAS, con el lanzamiento de su segunda fase previsto para el final de este año, podría verse comprometido si Francia persiste en su postura. Podría decirse, de hecho, que el grado de compromiso del FCAS ha llegado a mínimos, a tenor de las declaraciones que, decíamos el otro día en estas líneas, se vienen sucediendo desde el París Air Show de hace unas semanas.

El revuelo gira en torno al reparto de papeles en el programa. Dassault Aviation, brazo industrial francés dentro del consorcio, busca asumir un rol predominante en el NGF (New Generation Fighter), lo que vuelve a convocar la desconfianza en Alemania. Airbus – quien representa a Berlín y a España. no debe olvidarse- teme que un dominio francés comprometa la lógica integradora del proyecto, provoque una ruptura de competencias y debilite el sistema europeo en su conjunto.

Quién es Friedrich Merz, el nuevo canciller alemán que quiere  "independizar" a Europa de EE.UU. - BBC News Mundo

El canciller alemán, Friedrich Merz. Foto: BBC

Este reciente episodio no es un caso aislado. Hace apenas un par de años, Francia ya apostó por modernizar el Rafale y explorar soluciones propias, dando señales de que su compromiso multinacional era fluctuante. Ahora, al reclamar un 80 % de participación, parece exhibir una visión nacionalista en lo industrial frente al multilateralismo que sustentaba el programa FCAS, base misma de su existencia y su porvenir.

Desde la mirada crítica que difícilmente puede sustraerse a este asunto -aunque no se nos escapa que tendrá otras lecturas, otros flecos, según la óptica del interesado-, el empeño francés erosiona la credibilidad de Europa en materia de defensa. Si París opta por anteponer intereses industriales propios —en lugar de respetar los equilibrios— corre el riesgo de fragmentar no solo este proyecto, sino también otras iniciativas estratégicas como el MGCS (Main Ground Combat System); proyecto este en el que, por cierto, ni Francia, ni Alemania, han tenido la amabilidad de responder a la petición de España de sumarse al mismo, al menos oficialmente.

Los plazos son ajustados: Merz y Macron están llamados a reunirse en Berlín este mes para desbloquear el conflicto. Si no se reconduce el diálogo, Alemania ya contempla planes alternativos. Según fuentes cercanas, incluso se evalúa reforzar la flota de F-35 (hasta 50 unidades), como solución de contingencia mientras FCAS se reajusta. De hecho, acaba de anunciar la compra de otros 15 cazas furtivos a Lockheed Martin.

El trasfondo es claro: muchos lazos europeos en tecnología y defensa han dependido de Alemania y Francia. Pero si uno de los socios principales impone un modelo dominante, se resquebraja la cooperación y el impulso estratégico conjunto. Desde el punto de vista galo, es Airbus quien dispone de una posición dominante, ya que representa intereses de Alemania y España, aunque en nuestro caso, el gigante aeronáutico no es el coordinador industrial español, sino Indra.

El FCAS está siendo sacudido como en etapas anteriores, pero con mayor daño reputacional, si cabe

Un proyecto encallado

Desde su inicio en 2018, FCAS se concibió como un pilar de soberanía conteniendo tres pilares: NGF -el caza, propiamente dicho-, drones acompañantes y la nube de combate. Enfrentó un primer estancamiento en 2021–22 por disputas similares entre Dassault y Airbus sobre la propiedad intelectual. La segunda fase -que debía arrancar este año con la validación tecnológica del NGF- hoy pende de un hilo.

El papel francés en este programa ha pasado de socio equitativo a aspirante dominante. En lugar de empañar el objetivo de construir un sistema paneuropeo, Francia debería ceder ante una lógica más equilibrada, donde se cumplan los compromisos firmados por todos los participantes.

Por su parte, Alemania se aferra a la alianza franco-alemana que ha sido el pilar de la defensa europea desde la posguerra. Su advertencia no es un desafío ideológico, sino el último aviso para que Francia mantenga sus compromisos y no deje al continente con un proyecto truncado.

 

Ebujez

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