José Corrochano, de Centro de Mando, analiza la reorganización de Defensa, la estabilidad de su financiación, las condiciones del personal, los grandes programas de armamento y una eventual adquisición del F-35
José Corrochano/Redacción ![]()
El aumento de la inversión militar abre una etapa decisiva para la defensa española. Pero disponer de más recursos obliga también a decidir cómo se distribuyen, qué capacidades deben recibir prioridad y qué condiciones necesitan quienes han de ponerlas en servicio. José Corrochano, de Centro de Mando, plantea cinco grandes retos para abordar esta transformación, desde la organización del Ministerio de Defensa hasta el futuro de la aviación de combate.
El primero es la reorganización de la estructura de Defensa y la revisión de sus prioridades estratégicas. Corrochano defiende una mayor atención al eje Canarias-Estrecho-Baleares, un refuerzo del componente naval y un impulso a las capacidades espaciales. Su planteamiento parte de la necesidad de adecuar las Fuerzas Armadas a la geografía española: un territorio peninsular, dos archipiélagos y posiciones en el norte de África cuya protección exige atender de manera permanente al mar y a las comunicaciones marítimas.

El segundo reto consiste en proporcionar estabilidad a la financiación de la defensa. Frente a una gestión dependiente de decisiones presupuestarias sucesivas, el autor propone una ley que permita ordenar las necesidades de los ejércitos, dar continuidad a las inversiones y establecer mecanismos de control y rendición de cuentas. El objetivo es que los compromisos económicos tengan una correspondencia clara con las capacidades que España necesita y con los plazos necesarios para obtenerlas.
El personal ocupa el tercer lugar de su análisis. La modernización de las Fuerzas Armadas requiere efectivos suficientes y unas condiciones profesionales capaces de atraerlos y retenerlos. Corrochano reclama mejoras retributivas y atención al reconocimiento de los riesgos inherentes a la profesión militar. Recuerda, además, que la incorporación de nuevos sistemas debe ir acompañada de las plantillas necesarias para operarlos, mantenerlos y sostener su actividad.

El cuarto apartado aborda la continuidad de los grandes programas de armamento y la relación entre política de defensa e industria. El autor señala la importancia de las decisiones del Estado como cliente y como accionista de empresas del sector. Aviones, vehículos, sistemas de inteligencia y comunicaciones espaciales necesitan planificación sostenida, coordinación industrial y una ejecución que permita convertir los contratos en capacidades disponibles para las unidades.
Por último, Corrochano plantea la decisión sobre una eventual adquisición del F-35, que vincula tanto a las necesidades militares españolas como a la relación con Estados Unidos. Su reflexión incorpora las dificultades que acompañarían a esa compra: el coste, los plazos de entrega y las exigencias de disponibilidad y sostenimiento. Se trata de una propuesta del autor sobre una decisión con consecuencias operativas, industriales y diplomáticas.
Los cinco retos confluyen en una misma exigencia: convertir el esfuerzo inversor en una capacidad de defensa efectiva y duradera. Para Corrochano, la oportunidad que ofrece el actual ciclo de inversión dependerá de la continuidad de las decisiones, de su adecuación a las necesidades estratégicas de España y de la atención que reciban los profesionales que sostienen sus Fuerzas Armadas.
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