Paralelismos entre el dilema estadounidense que plantea 19fortyfive y la sexta generación europea (FCAS/GCAP)
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1) La tesis de partida: el cuello de botella no es el avión, es la industria
Una interesante disertación de Kris Osborn, en la siempre interesante 19FortyFive.com, plantea que construir 2 cazas furtivos* (los norteamericanos, en este caso) de sexta generación en paralelo tensiona, ante todo, la capacidad industrial: talento (ingeniería, software crítico), fabricación avanzada, materiales y una cadena de suministro que no escala de forma instantánea. Su idea central es que el riesgo principal rara vez es la aerodinámica o el render, sino la disponibilidad de personas, procesos y proveedores.

Trasladado a Europa, el punto de partida es similar: la sexta generación exige una base industrial densa y eficaz y persistente. La diferencia es que Europa no se enfrenta a “2 programas en un mismo Estado”, sino a 2 programas en un mercado de defensa fragmentado, con gobernanzas multinacionales, con incentivos nacionales a menudo divergentes y en un mercado de países con mucho menor músculo militar y financiero que el todopoderoso que capitanea Washington.
Concentración industrial y poder de diseño: de la consolidación estadounidense a la desconfianza europea
Osborn enfatiza la consolidación industrial estadounidense tras la Guerra Fría. Con pocos contratistas principales y un ecosistema de subcontratas que, de algún modo, era vulnerable, y donde los programas compiten por los mismos recursos.
En Europa el patrón no es un triopolio formal, pero sí existe una concentración funcional: pocos actores pueden verdaderamente liderar (o reclamar liderazgo) en un caza de nueva generación -menos aún en solitario- y sus pilares asociados. Ahí aparece un rasgo específicamente europeo: el choque por el poder de diseño (quién manda, quién integra, quién controla la IP, quién certifica y quién decide), que ha sido el late motive que ha escrito el guion del FCAS desde prácticamente su nacimiento o, sería razonable añadir, desde la entrada de España en el programa y el repentino crecimiento porcentual de Airbus (sumando críticamente en Alemania y en España hasta ser mayoritario frente a Dassault) en el mismo. Podemos concluir que, grosso modo, este es el argumento francés para oponerse al reparto de responsabilidades, que Dassault es paritaria en cuanto a países, pero minoritaria en cuanto a compañías (2 partes de Airbus por 1 de Dassault). Si justifica o no el recelo galo es algo que queda a disposición de los lectores. Mi opinión es que no es excusa para dinamitar el programa. Pero, para gustos, colores.
Por tanto, es cierto que en el FCAS -y en DYS lo he descrito de forma recurrente- el problema no es la necesidad operativa del proyecto, fuera de toda duda razonable, sino el conflicto de gobernanza y reparto industrial, particularmente en el pilar del NGF (el caza, propiamente dicho).
El paralelismo es aquí, por tanto, directo: si el número de actores capaces es limitado, cada desacuerdo sobre liderazgo deja de ser “política industrial” y pasa a ser riesgo de programa, y éso es exactamente lo que ha ocurrido en el FCAS.
El enemigo silente: mano de obra, acreditaciones y picos de carga de trabajo
Osborn insiste en la escasez de perfiles: fuerza laboral envejecida, requisitos de seguridad, tiempos largos de formación y competencia con el sector comercial. En consecuencia, 2 programas simultáneos elevan el riesgo de retrasos y problemas de calidad.
Europa comparte (con matices nacionales) el problema de captar y retener perfiles críticos: software embebido, ciberseguridad, integración de sensores, ingeniería de sistemas, fabricación de compuestos, ensayos y certificación. Pero añade 2 fricciones:
La duplicación no sinérgica: parte de la capacidad se “duplica” en equipos paralelos por falta de estándares comunes y por soberanías industriales.
Y la competencia interna: FCAS y GCAP necesitan familias de capacidades muy parecidas en ventanas de tiempo que tienden a solaparse.
Se puede, por consiguiente, establecer cierto paralelismo directo: 2 programas pidiendo “lo mismo” al mismo ecosistema (Europa) no sólo encarecen; pueden vaciar de personal al que se quede atrás. No ha de ser específicamente así, pero es plausible que se produzca en ese sentido.

Dónde Europa empeora el dilema: gobernanza multinacional y tentación de las vías alternativas
En el marco de Osborn, el Pentágono dispone (al menos en teoría) de palancas de decisión y coherencia presupuestaria para ordenar calendarios, promover subsistemas comunes o escalonar hitos. Será más o menos complejo, pero es un sólo actor decisorio frente a un ecosistema también único, homogéneo.
En Europa, la gobernanza es parte del problema. DYS ha sido especialmente crítica con la deriva del FCAS hacia dinámicas de bloqueo y con la dificultad para sostener consensos estables. En ese contexto, crece la tentación de abrir vías alternativas: acuerdos bilaterales, “planes B” industriales o aproximaciones a otros programas. Lo que aflora en un problema que tiende a encontrar, por propia supervivencia de los recursos invertidos hasta el momento, una vía de escape que sirva para mitigar el descalabro y minimice los daños.
Aquí conviene separar el hecho, que es que existen señales públicas y mediáticas de tensiones en el FCAS y de debates sobre escenarios alternativos; de la valoración, que podría resumirse en que cuanto más dura el bloqueo, más probable es que los actores se comporten de forma racional desde su interés nacional/industrial y mantengan opciones abiertas; e irracional para con el interés colectivo del proyecto en común. El fin de semana pasado pudimos comprobarlo en el polémico artículo que publiqué en X (Twitter) en el que, a más de constatar una obviedad, cual es que el FCAS muere por la irracional y la pueril incapacidad de sus socios para encontrar puntos de acuerdo, adjetivé como celosos, hasta lo inverosímil, de sus tecnologías a los socios, cuando de lo que hablamos es de un programa compartido. Porque, insisto, el FCAS es un proyecto entre socios, compartido, asociado, y resulta, cuando menos, irritante comprobar cómo un proyecto compartido muere por faltas muy graves en el compromiso de compartir. Algo así, más o menos, vino a decir el ministro Crosseto, del Gobierno de Meloni, hace un par de semanas: los británicos están locos si no comparten su tecnología (en el GCAP). Consciente del peligro de copiar la deriva hispano-franco-germana, el prócer italiano advirtió muy seriamente del riesgo en ciernes.
Paralelismo directo: si el límite es la capacidad industrial finita, Europa suma capacidad finita + gobernanza frágil.
Juicio crítico sobre el FCAS
A partir de lo publicado por Oborn, convengo en decir hoy en DYS, que el diagnóstico crítico puede formularse más o menos así -tómese con la distancia y precauciones debidas por cada cual-:
- El FCAS no falla por falta de sentido militar, sino por fricciones persistentes sobre liderazgo, integración y reparto industriales.
- Que la incertidumbre sostenida erosiona credibilidad y facilita que aparezcan incentivos a explorar alternativas.
- Que para España, el riesgo político-industrial es quedar atrapada en un reajuste franco-alemán sin capacidad real de condicionar decisiones estructurales del programa ni, probablemente, fuera de él, en otro hipotético al que huir si todo se malogra en el FCAS.
Estas afirmaciones deben, por tanto, tomarse con cuidado y siempre ancladas en lo antes descrito, evitando extrapolar intenciones no demostrables.

2 sextas generaciones europeas son posibles, pero no gratis
Osborn plantea condiciones para hacer viable el desarrollo paralelo: financiación estable, ampliación de proveedores, subsistemas comunes y escalonado de picos. Hasta aquí nada que objetar. pero en Europa, esas condiciones requieren algo previo: reducir el coste político de cooperar. Mientras el FCAS funcione como un pulso recurrente por el poder de diseño, el continente -el de la bandera FCAS y el de la GCAP- correrá el riesgo de duplicar gasto sin multiplicar capacidad; competir por los mismos perfiles industriales y llegar tarde con ambos, o llegar con uno dejando una fractura industrial difícil de reparar.
Pese a todo, mi tesis siempre ha sido la misma: Europa tiene talento e industria para aspirar a la sexta generación, pero el factor decisivo no es tecnológico, es político; es la capacidad de gobernanza y disciplina industrial y política para sostener 2 programas multinacionales a largo plazo.
Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es
*F-47: el caza de la US Air Force dentro del programa NGAD (Next Generation Air Dominance) y F/A-XX: el futuro caza embarcado de la US Navy, el componente tripulado de su propia familia NGAD
Recomiendo consultar los siguientes hitos informativos para lograr una idea más ajustada:
- El artículo base, de Kris Osborn en 19fortyfive
- DYS: cualquiera de las piezas sobre FCAS y sexta generación europea
- Reuters: algunas notas sobre el bloqueo del FCAS y evolución del GCAP
- Informaciones muy certeras de Gareth Jennings, en Janes

