SILAM, Rheinmetall y Escribano: la única opción posible, no la mejor, ni la peor

Sobre la noticia en ABC de hoy sobre Escribano, Rheinmetall y el SILAM

Por más que se presente como fruto de un proceso de selección o de una búsqueda industrial seria, la realidad es más bien otra: la propuesta de Rheinmetall Expal y Escribano para el programa SILAM no es tanto una opción como una única vía posible, consecuencia directa de una decisión política que ha arrastrado consigo las alternativas previas. El Ministerio de Defensa ve con buenos ojos esta solución, dice ABC (Pilar de la Cuesta) No sorprende. Es que no se contempla otra.

El programa original, basado en el PULS israelí de Elbit Systems, ha sido descartado de facto. Las circunstancias políticas lo hicieron «inevitable», y lo demás vino solo: Castellana, 109 sólo ha recibido la propuesta del binomio Rheinmetall-Escribano, a través de Escribano, formalizada en UTE. Todo lo demás queda fuera de campo porque no se contemplaba nada más (Escribano). Cierto que se habló de integrar a Indra y quizás a Instalaza, allá por otoño, pero quedó en nada. No hubo concurso, ni licitaciones que permitan afirmar que hubiera rastro de algo parecido a competencia real en el Programa.

El artículo menciona que el «veto» a la tecnología israelí se produjo tras los atentados del 7 de octubre de 2023. Matiz: el bloqueo no se activó inmediatamente tras los ataques de Hamás, sino después de la respuesta militar israelí en Gaza, cuando el Gobierno español endureció su posición de forma pública y sostenida.

Puntualizado esto, regresemos al asunto. Cuando hablamos de políticas de adquisición de sistemas complejos y acuerdos internacionales de transferencia tecnológica, las negociaciones pueden, inesperadamente, romperse por circunstancias como las acaecidas. No es lo normal, pero así fue. Ahora bien, volver sobre lo obvio –que se apuesta por una “solución nacional”– no debería implicar eludir la verdad: Rheinmetall no es una empresa española, aunque su filial Rheinmetall Expal Munitions esté asentada en España. Y, de hecho, Expal ya formaba parte del proyecto original junto a Elbit y Escribano desde mediados de 2023. Lo único que ha cambiado es el socio principal: fuera Elbit, dentro Rheinmetall. El resto permanece.

La frase incluida en el artículo de Pilar de la Cuesta en ABC, y que afirma que las fuentes del Ministerio dicen que el nuevo modelo «redefine la relación entre defensa, industria y soberanía» suena más a un texto sacado de una nota de prensa cocinada por un gabinete de comunicación. Una de esas comparecencias sin preguntas, donde quien ocupa el atril no necesita pensar; un transmisor autómata con una suerte de llave de cuerda en la espalda y un rollo de pianola ante sí para interpretar una serie de «vaciedades», de frases redondas y sin contenido concreto.

Más allá de la retórica y del lenguaje corporativo que satura el discurso político-defensivo español, la única certeza reconocible en este anuncio es la de los retrasos. «No se verán resultados a corto plazo», insisten las fuentes. Eso sí que es fiable: lo ha sido en prácticamente todos los grandes programas de adquisición de los últimos diez años, y SILAM no parece que vaya a escapar a esa norma. No iba mal, recuerden que hasta se hicieron pruebas de tiro en el Médano del Loro hace escasos meses, pero ya no puede inscribirse en el club de «en plazo».

El SILAM cuando marchaba en tiempo

En cuanto al supuesto carácter «plenamente nacional» del sistema lanzacohetes, la expresión se queda corta. O directamente, es inexacta. La propuesta original –con Elbit dentro– ya contemplaba una transferencia de tecnología relevante a la industria española, con un grado de nacionalización significativo. Lo que hace 2 años parecía una solución razonable, ahora, por contraste con el nuevo discurso oficialista, se presenta como una cesión inaceptable. Una reconstrucción interesada del relato que no se sostiene en los hechos.

Hay, sin embargo, un punto del artículo de ABC que merece atención: el «desarrollo y cualificación progresiva de munición nacional», incluyendo cohetes de instrucción y munición guiada. Si de verdad se acomete este desarrollo con medios propios, si se logra implementar una cadena de diseño y producción con transferencia efectiva de conocimiento, estaríamos, por fin, ante un avance estructural, y no simplemente táctico o de oportunismo político. Pero aún es pronto para afirmarlo. Por ahora, sólo hay una propuesta.

El proyecto –nos dicen– permitirá a España alcanzar una «madurez tecnológica escalonada». También esto habrá que verlo. Porque fiar todo a una progresiva nacionalización de un sistema que ya nace parcialmente foráneo, sin plazos, sin garantías, sin publicidad y sin competencias previas en ciertas áreas clave, es más un ejercicio de esperanza que una planificación industrial.

En resumen: el SILAM que ahora se presenta no es un giro, sino un desvío obligado. No hay pluralidad de opciones, ni un modelo industrial verdaderamente competitivo (al menos, no se ha presentado públicamente). El programa avanza por la senda ya conocida: dependencia encubierta, más retrasos previsibles, más titulares sin seguimiento. Lo que termine siendo, se tarde lo que se tarde, llegará. Pero no lo hará ni más rápido, ni más nacional, ni más soberano, por mucho que se repita lo contrario.

Lo que queda, al final, es la constatación de una anomalía ya habitual en nuestro modelo de planeamiento y adquisición: se invocan conceptos como autonomía estratégica, soberanía industrial o madurez tecnológica para justificar decisiones que, en muchos casos, responden a circunstancias ajenas a una planificación rigurosa, o directamente a urgencias políticas. Lo nacional se invoca, pero rara vez se construye. Quizás se está ya en andar ese camino, pero acabamos de empezar (no para todo, lógicamente). Y mientras tanto, la Fuerza no recibe las capacidades cuando las necesita, sino cuando el calendario político lo permite. El lanzacohetes llegará, sí, pero como tantas otras veces, no cuando debía, ni como debía. Se invoca autonomía estratégica para tapar una decisión geopolítica (veto a Israel), pero el resultado práctico es dependencia de otro socio extranjero (Rheinmetall), más tiempo, más dinero y capacidades que llegarán tarde al Ejército (que las necesita ya, no en 2030).

 

Jorge Estévez-Bujez

defensayseguridad.es

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