«Estados Unidos se ha acostumbrado a la idea de que no pierde combatientes -aviones-«

F-22 Raptor. El que ha sido punta de lanza tecnológica de la USAF hasta la llegada del F-47
El editor en jefe y presidente de National Security Journal, Harry J. Kazianis, reconocido analisista de seguridad nacional y exdirector senior en el Centro para el Interés Nacional de EE.UU., advierte, en su interesante artículo de hoy, firmado en en el National Security Journal, que la Fuerza Aérea de EE. UU. -USAF- podría repetir un error estratégico si insiste en limitar a sólo 186 unidades la futura flota de cazas F-47, el avión de 6ª generación que reemplazará al F-22 Raptor dentro del programa NGAD (Next Generation Air Dominance).
Según los informes disponibles, la USAF planea adquirir aproximadamente la misma cantidad de F-47 que de F-22 en su día, cifra que, como señala el autor, ya se demostró insuficiente en el pasado. El F-22, un excepcional avión, tecnológicamente en la cumbre, nunca operó con el volumen necesario para ejercer una supremacía aérea global sostenida. El F-47, concebido como una plataforma aún más compleja y central en la estrategia estadounidense frente a China y Rusia, nace con la misma limitación estructural: una flota demasiado pequeña para un mundo cada vez más peligroso.
Aunque el F-47 promete capacidades notables —mayor alcance, sigilo, sensores mejorados, interoperabilidad con drones de combate colaborativos (CCA)—, esas ventajas no suplen la falta de masa crítica operativa. Como Kazianis afirma, los drones son multiplicadores de fuerza, no substitutos. En combate real, una plataforma avanzada sin suficientes unidades operativas se convierte en un eslabón débil, especialmente frente a una China que ya ha desplegado cientos de J-20 y está produciendo cazas J-35 en cantidades crecientes, apoyados por una vasta red de defensa aérea y una industria capaz de escalar rápidamente.
El autor subraya que, incluso bajo condiciones ideales, no todos los F-47 estarán disponibles en un conflicto real: algunos estarán en mantenimiento, entrenamiento o pruebas; otros podrían ser destruidos en tierra durante un ataque inicial a bases avanzadas como Guam o Japón. Bajo ese escenario, la disponibilidad real podría reducirse a 60-70 unidades en el primer momento crítico, un número alarmantemente bajo si se considera que el F-47 deberá liderar múltiples misiones de superioridad aérea, escolta de bombarderos, defensa de activos estratégicos y acciones ofensivas de largo alcance.
Kazianis sostiene que el problema no es tecnológico, sino conceptual. El enfoque actual parece repetir el error del F-22: crear un avión de élite con un número de producción limitado, sin capacidad de absorción de bajas ni adaptabilidad a conflictos prolongados. En contraste, China está jugando un juego numérico, ampliando su flota de cazas y ensayando sus propios diseños de sexta generación.
Finalmente, el autor concluye que EE. UU. necesita un programa de mayor volumen, capaz de asumir desgaste, mantener presencia global y responder a contingencias imprevistas. Aunque no existe una cifra exacta ideal, lo que sí es seguro es que 186 unidades son insuficientes. La Fuerza Aérea debería planificar una producción entre 250 y 300 F-47, respaldada por una base industrial preparada para sostener el esfuerzo durante décadas. De no corregirse este rumbo, el F-47 podría repetir el mismo ciclo que el F-22: una aeronave sobresaliente que, por su número reducido, fracasa en modificar el equilibrio estratégico para el que fue concebida.
Redacción
defensayseguridad.es

