Washington comienza a soltar el timón en la retaguardia aliada

Movimiento seguramente calibrado —pero no por ello exento de carga política—: el Pentágono ha comunicado a sus aliados europeos una reducción de aproximadamente 200 posiciones militares estadounidenses dentro de la estructura de mando y planificación de la OTAN en Europa. La decisión, que afecta a una treintena de entidades aliadas, fue dada a conocer ayer mismo.
No se trata de una retirada de tropas de combate ni de una desmilitarización del continente: los cerca de 80.000 efectivos estadounidenses desplegados en Europa se mantienen, de momento, sin cambios. El recorte se concentra en funciones, digamos, no cinéticas: inteligencia, planificación marítima, entrenamiento avanzado y coordinación doctrinal. El ajuste, según las fuentes, se llevará a cabo de manera gradual, principalmente dejando vacantes sin reemplazar una vez finalizadas las rotaciones o comisiones de servicio.
Entre los centros afectados están estructuras críticas para la cooperación transatlántica, como el NATO Intelligence Fusion Centre (Reino Unido), el Allied Special Operations Forces Command (Bruselas) y STRIKFORNATO (Portugal), además de varios Centros de Excelencia (COEs) repartidos por Europa. En total, se estima que el recorte reduce a la mitad la presencia estadounidense en estas estructuras: de unos 400 efectivos actualmente, pasarán a ser unos 200.
El gesto —aparentemente técnico— encaja a buen seguro en una lógica política más amplia. Desde Washington se expondrá en medio de una reestructuración de prioridades geoestratégicas hacia el Hemisferio Occidental, pero su lectura en Europa es otra. Llega en un momento de alta tensión diplomática entre la administración Trump y varias capitales europeas, con la reciente crisis con Groenlandia como telón de fondo, y alimenta la percepción de un compromiso menguante de EE. UU. con la defensa colectiva europea.
Aunque el Departamento de Guerra ha evitado calificar la medida como una “retirada”, el mensaje parece má o menos claro bajo la óptica europea: menos oficiales estadounidenses en los cuarteles generales de la OTAN equivale a más presión sobre los aliados europeos para asumir tareas críticas de mando, fusión de inteligencia y desarrollo doctrinal. Un oficial europeo consultado por The Washington Post lo resumía así: “No es que se vayan del campo de batalla, pero sí se están yendo de la sala de planificación”.
Esta es, en suma, una señal. No tanto hacia Moscú o Pekín, sino hacia Alemania, Polonia, Francia, España…: la administración estadounidense considera que ha llegado el momento de que Europa lidere más dentro de su propia arquitectura de defensa, o que al menos lo intente.
Redacción
defensayseguridad.es

