El poder exige que Europa pase de la confederación a la federación

Ayer, desde uno de los púlpitos académicos más respetados de Occidente, Mario Draghi, expresidente del Banco Central Europeo y ex primer ministro de Italia, volvía al centro del debate de la Unión tras su alocución al recibir un doctorado honoris causa en la Universidad Católica de Lovaina (KU Leuven), una de las instituciones de enseñanza más influyentes de Bélgica y Europa. En su discurso, que versó en torno al destino político de la Unión Europea, Draghi hizo un diagnóstico severo de las carencias estructurales de Europa en materia de defensa, política exterior y capacidad fiscal.
“El poder exige que Europa pase de la confederación a la federación”, sentenció Draghi en los primeros minutos de su intervención, marcando así el tono del resto de su alocución.
Sus palabras, merecedoras, cuando menos, de una lectura tranquila, fueron una crítica al actual modelo europeo en defensa y política exterior. Durante un segmento de su intervención especialmente volcado en las áreas más sensibles de soberanía estatal, Draghi subrayó la contradicción entre las áreas federadas de la UE —mercado único, política monetaria— y aquellas que siguen bajo un modelo puramente intergubernamental: “Allí donde Europa se ha federado —comercio, competencia, mercado único, política monetaria—, se nos respeta como potencia y negociamos como una sola. Donde no lo hemos hecho —defensa, política industrial, asuntos exteriores—, se nos trata como un conjunto desorganizado de Estados medianos, que deben ser divididos y tratados en consecuencia.”
Sus declaraciones, fruto de un Draghi que acumula una larga experiencia en el seno del Consejo Europeo, el G7, la primera magistratura romana e infinidad de cumbres multilaterales, ponen el acento en la vulnerabilidad inherente de la UE cuando actúa dividida. No es un argumento nuevo, de hecho, siempre estuvo ahí, desde el mismo comienzo de la andadura comunitaria, pero sí uno revitalizado por el escenario internacional que vivimos: guerras en el vecindario europeo, presión transatlántica sobre el gasto militar y competencia económica feroz con potencias tecnológicas.
«De todos los que hoy se encuentran atrapados entre Estados Unidos y China, solo los europeos tienen la posibilidad de convertirse ellos mismos en una verdadera potencia»
Federarse o quedar al margen es la alternativa que plantea el ex-primer ministro laziale. No es nueva, pero viene cogiendo ritmo en los últimos meses. Draghi, bajo su experimentada óptica, no sólo ilustró el problema, también reiteró una fórmula clara: federarse para generar poder. Enfatizó que, en defensa, política exterior y fiscalidad, el modelo confederado de la UE no basta: “Esta es la lógica de la confederación, la lógica con la que Europa aún opera en materia de defensa, política exterior y fiscal. Este modelo no genera poder.” Y fue aún más categórico: “Allí donde no lo ha hecho —defensa, política exterior, estrategia industrial— está dividida y es vulnerable.”
El momento, los tiempos, naturalmente, no parecen elegidos al azar. En pleno debate sobre el futuro del European Defence Fund, la ampliación de la UE hacia los Balcanes y Ucrania, y los esfuerzos de la Comisión por desarrollar una política industrial de defensa, el discurso de Draghi se inscribe como un aporte más a una narrativa de urgencia federal que busca ganar tracción en las capitales europeas, pero que, como era de esperar, encuentra remilgos en prácticamente cada cancillería.
Son ecos de un debate que sigue abierto, y que lo estará mucho tiempo más. Serán pocos quienes no echen un ojo al contenido de este discurso. Lo pronuncia alguien con autoridad técnica y política; alguien que ha estado dentro, un ex de todo, al más alto nivel, de las instituciones que gestionan la integración y sus límites.
Y, sin embargo, la Historia europea ha demostrado que la integración nunca es lineal. En materia de defensa y política exterior, los avances dependerán menos de la lógica y más de las circunstancias. Como en otras etapas del proyecto europeo, la Historia será algunas veces favorable, otras veces neutra y, en muchas otras, un obstáculo directo a una integración final que, no lo olvidemos, jamás se materializó -acaso parcialmente- si no fue por la fuerza. Quizás ahora esa fuerza, en este caso exterior al continente, logre lo que los proyectos de unidad europeos, a cargo de los sucesivos imperios nacionales, nunca consiguieron.
Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es


Un comentario
El éxito de la UE viene de la libertad de comercio y la libre circulación. La moneda común, que durante años fue un pilar sólido en Europa, ya está siendo envilecida con la consiguiente inflación. El resto de lo que nos llega de la UE no es más que un dogal para favorecer a aquellos que tienen a sueldo a la mitad de los políticos que bullen por Bruselas al tiempo que daña a los países miembros. En mi opinión, de lo que hoy se habla es de retirarle poder a la UE, no de ampliárselo.