La Marina Real Canadiense prepara la adquisición de 16 a 20 corbetas de defensa continental por unos 3.130 millones de euros al cambio actual

Redacción

OPV de la RCN. Foto de CORPORAL NEIL CLARKSON / FUERZAS ARMADAS CANADIENSES
La Real Marina Canadiense —Royal Canadian Navy, RCN— ha dado los primeros pasos formales hacia un nuevo programa de buques de guerra denominado Continental Defence Corvette —CDC—. Según informó el periodista David Pugliese en el Ottawa Citizen el 23 de abril pasado, la iniciativa gubernamental contempla la construcción de entre 16 y 20 corbetas destinadas a reemplazar a las veteranas Kingston-class —Maritime Coastal Defence Vessels—, que se aproximan ya al final de su vida útil tras muchos años de servicio.
Durante una reunión informativa con la industria celebrada el pasado día 9 del presente, en Ottawa, la RCN anunció que emitirá próximamente una Request for Information —RFI— para recabar información sobre las capacidades de los astilleros canadienses. El presupuesto total estimado para el programa, incluyendo diseño, construcción y apoyo inicial, asciende a 5.000 millones de dólares canadienses, aproximadamente 3.130 millones de euros al cambio actual.
Características previstas de las corbetas
El proyecto se encuentra todavía en una fase muy embrionaria y toda información es, por tanto, escasa. Pero, a pesar de que aún no se han publicado pliegos técnicos detallados, las declaraciones oficiales y fuentes cercanas al programa permiten perfilar las capacidades buscadas por la Marina canadiense.
El cometido principal será cercano: la defensa continental y la protección de las aguas canadienses, incluyendo el Golfo de San Lorenzo y las zonas próximas al borde del hielo ártico.
En cuanto a capacidades de combate, las corbetas contarían con un “poder de combate equivalente al de las veteranas fragatas Halifax-class” en entornos de amenaza baja a media, según el vicealmirante Angus Topshee, comandante de la RCN. Esto incluiría guerra antisubmarina —ASW—, combate superficie-superficie y un paquete relevante de armamento.
La autonomía prevista sería de más de 7.000 millas náuticas, con capacidad para operar durante 30 días. También se contempla un diseño modular, habitual en este tipo de buques, sistemas de misión flexibles, capacidad para operar drones y helicópteros, y compatibilidad con operaciones en condiciones árticas, con una certificación equivalente a Polar 6. El desplazamiento estimado se situaría entre 2.500 y 4.000 toneladas, lo que podría acercarlas más a fragatas ligeras que a corbetas, propiamente dichas.
El objetivo de esta nueva clase de navíos será, además de los que les son propios, liberar a los futuros destructores River-class para misiones de mayor exigencia y despliegues internacionales, mientras las CDC se concentran en la defensa del territorio, la vigilancia marítima y la soberanía canadiense. Dicho de otro modo: que los buques grandes puedan asumir misiones lejos de la costa, mientras las nuevas corbetas vigilan las aguas cercanas.

Una Halifax canadiense en mar abierto. Foto: RCN
Un presupuesto difícil de creer
El presupuesto de 5.000 millones de dólares canadienses —unos 3.130 millones de euros— ha generado dudas inmediatas en círculos especializados. Y no es para menos habida cuenta de su más que contenida cifra. El analista naval Noah, del medio True North Strategic Review, cuestionó abiertamente la cifra en su artículo del 25 de abril:
“I don’t know where they’re getting five billion from, but nowhere in any CDC media or in any talks I’ve had have I ever even heard a solid guess on the price tag. It quite literally does not exist as I know. There is zero way that 12 corvettes, let alone up to 20 comes in at five billion. […] You could get them built at the cheapest shipyard in China, and fitted with North Korean technology, and I still doubt that price tag would be under five billion. That is an insane number to put out there…”
Es decir: “No sé de dónde sacan los cinco mil millones, pero en ninguna información sobre el CDC ni en las conversaciones que he mantenido he oído jamás una estimación sólida del precio. Literalmente no existe, que yo sepa. Es imposible que 12 corbetas, y mucho menos 20, salgan por cinco mil millones. […] Podrías construirlas en el astillero más barato de China y equiparlas con tecnología norcoreana y aun así dudaría que el precio estuviera por debajo de cinco mil millones. Esa es una cifra absurda…”
Noah advierte de que una cifra tan baja podría generar futuras críticas por los inevitables aumentos de coste, y señala que ese monto apenas cubriría sistemas clave como VLS, radares y sonar. La advertencia no puede ser más clara. Si lo que Canadá pretende es hacerse con buques de capacidades cercanas a una fragata ligera, construcción nacional, modularidad, sistemas modernos y operación en el Ártico, el número inicial empieza a parecer más un deseo contable que una estimación industrial realista.
Posibles astilleros participantes
El programa se enmarca en la National Shipbuilding Strategy y prioriza la construcción en Canadá. Los principales candidatos serían Irving Shipbuilding, en Halifax, y Seaspan, en Vancouver, los astilleros ya aprobados dentro de la estrategia nacional.
También aparece Team Vigilance, consorcio liderado por Ontario Shipyards, con apoyo del Gobierno de Ontario, que destinó 200 millones de dólares canadienses, unos 125 millones de euros, a la mejora del astillero de Hamilton. El grupo cuenta además con Vard Marine, Thales Canada, SH Defence y Fincantieri, y se presenta como la única opción “diseñada, construida y equipada 100% en Canadá”. Sus propuestas se han mostrado bajo la denominación Vigilance.
Por ahora, el proyecto aún no está financiado ni aprobado formalmente. Las fechas manejadas —RFI en 2026, posible adjudicación antes de 2030 e IOC en 2039— son provisionales. Canadá quiere corbetas, sí. La cuestión es cuántas, con qué capacidades reales y, sobre todo, por cuánto dinero cuando el entusiasmo inicial se encuentre con el astillero, el acero y la factura… es decir, con la realidad.
Redacción
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