La primera unidad de producción del dron estratégico surcoreano confirma la madurez industrial del programa, aunque su entrada en servicio aún queda por delante

Redacción
Korean Air acaba de presentar en Busan la primera unidad de producción del MUAV surcoreano, el primer vehículo aéreo no tripulado de clase estratégica desarrollado en el país y destinado para misiones de reconocimiento a media altitud. La ceremonia estuvo encabezada por la Administración del Programa de Adquisiciones de Defensa de Corea del Sur (DAPA) y reunió a la Fuerza Aérea, el Estado Mayor Conjunto, el Ejército, la Agencia para el Desarrollo de la Defensa (ADD), la agencia de calidad de defensa y a las empresas principales del programa, entre ellas Korean Air, LIG Next1 y Hanwha Systems.

Quizá lo más importante es que Corea del Sur ha superado ya la fase de prototipos y empieza a sacar unidades de serie de una plataforma ISR propia —inteligencia, vigilancia y reconocimiento— pensada para seguir objetivos sensibles con persistencia y con una base industrial nacional muy elevada. Según DAPA, el sistema alcanza cerca del 90% de componentes de origen nacional y está concebido para vigilar de forma continuada objetivos estratégicos mediante cámaras y sensores de altas prestaciones.
Sobre el papel, el aparato presentado ofrece una ficha técnica nada despreciable para su categoría: 13 metros de longitud, 26 metros de envergadura, motor turbohélice de 1.200 caballos y capacidad de operar por encima de los 10 kilómetros de altitud para reconocimiento de objetivos terrestres. Korean Air sostiene además que la plataforma permitirá alimentar con vídeo en tiempo real la cadena de mando sobre objetivos estratégicos enemigos, algo que, en un entorno como la península coreana, no es precisamente un detalle secundario, sino todo lo contrario.
En todo caso, aún no estamos hablamos de una entrada en servicio inmediata. Korean Air afirma que completó la integración y pintado del aparato en febrero, que arrancó las pruebas de vuelo en marzo y que para julio de este año están previstas las pruebas de integración de sistemas y los ensayos de vuelo con la unidad operadora. Después vendrá la aceptación, en su caso, por parte de la Fuerza Aérea. Tanto la comunicación oficial de la empresa como la cobertura de Yonhap y la nota gubernamental coreana apuntan a entregas desde principios de 2027, no en este 2026.

En cuanto a la producción en serie, ésta fue aprobada en agosto de 2023 por el comité surcoreano de promoción de proyectos de defensa, dentro de un programa cifrado entonces en 980.000 millones de wones y descrito por Yonhap como un esfuerzo cuyo recorrido venía de 2006. Lo que DAPA sitúa en diciembre de 2023 es, por tanto, el arranque de la fase de producción, no el origen completo del proyecto. Dicho de otro modo: el MUAV que ahora se enseña como producto industrial es la culminación visible de un trabajo largo, no un acelerón de última hora.
También merece atención la arquitectura industrial del programa. Korean Air actúa como integrador principal, y sostiene que ha ensamblado en un solo sistema el puesto de control en tierra, el enlace de datos, los sensores de detección y la aviónica suministrados por la industria local. Por su parte, Hanwha Systems explica en su documentación corporativa que para el MUAV desarrolla el paquete electroóptico e infrarrojo (EO/IR) capaz de obtener tanto imágenes visibles como infrarrojas de alta resolución para misiones de reconocimiento de área amplia o estrecha, a larga distancia.
Corea del Sur está intentando consolidar una cadena nacional de vigilancia estratégica con autonomía industrial, desde la plataforma hasta parte de la carga útil y la integración de subsistemas. En un momento en que las fuerzas armadas de medio mundo descubren que la dependencia externa en sensores, enlaces o software puede convertirse en un problema operativo, Seúl quiere una capacidad propia para observar, seguir y alimentar su mando y control sin apoyarse siempre en soluciones ajenas. Las notas de DAPA insisten precisamente en esa idea de reforzar una capacidad independiente de vigilancia y reconocimiento y de aprovechar lo aprendido para futuros entornos de combate con cooperación entre sistemas tripulados y no tripulados.
El programa aún tendrá que transitar un camino complejo por delante, en el que sus sensores demuestren que cumplen en condiciones reales, que el enlace de datos resiste y la disponibilidad es razonable y, cómo no, que la Fuerza Aérea puede integrarlo sin fricciones en su operativa de inteligencia y mando. La presentación en Busan ha sido un paso importante, pero la prueba de verdad empezará cuando el sistema salga del escaparate, supere sus ensayos y empiece a volar como parte de una arquitectura operativa.
Si lo consigue, Corea del Sur habrá dado algo más que un (otro más) salto tecnológico. Habrá dado un paso capital en soberanía ISR, que es una manera bastante menos vistosa, pero mucho más útil, de medir la solidez real de una industria de defensa.
Sea como fuere, no nos cansamos de traer los avances surcoreanos en materia tecnológico-militar, porque nos resulta del todo encomiable el esfuerzo que todo el ecosistema industrial coreano ha llevado a cabo en los últimos 20 años. Es ejemplar, es digno de mencionarse y, sobre todo, susceptible de emularse (lo que sea posible, al menos).
Redacción
defensasyseguridad.es

