La tercera y cuarta unidad llegan al agua para completar a las 2 primeras en la patrulla y defensa de superficie

El Sakura, primero de la serie, botado a finales del pasado año
La Fuerza Marítima de Autodefensa de Japón (JMSDF) ha escenificado un nuevo paso en su programa de renovación con la ceremonia de nombramiento y botadura de la tercera y cuarta unidad de la clase Sakura. Se trata de la Hinoki (903) y la Sugi (904), botadas el 13 de marzo en las instalaciones de Japan Marine United (JMU), en el astillero de Isogo, Yokohama. No es un simple acto de calendario industrial, sino la confirmación de que Tokio sigue dando forma, pieza a pieza, a su futura arquitectura de vigilancia marítima.
Ambas unidades corresponden al programa fiscal de 2023 (Reiwa 5) y llegan después de las 2 primeras de la serie, la Sakura (901) y la Tachibana (902), botadas en noviembre del pasado año. Según la Oficina de Relaciones Públicas del Estado Mayor Marítimo, tras las fases de armamento, alistamiento y pruebas de rendimiento, está previsto que la Hinoki y la Sugi entren en servicio en torno a marzo del año próximo, dentro del calendario revisado para las 4 primeras patrulleras.
También en el terreno simbólico, Japón mantiene una línea reconocible. Sgún puede leerse en los medios locales, los nombres elegidos para esta nueva categoría de buques siguen la tradición inspirada en árboles autóctonos. Hinoki, en referencia al ciprés japonés, será el tercer buque de la historia naval japonesa en portar ese nombre, tras 2 destructores de la era imperial. Sugi, por su parte, toma el nombre del cedro japonés y será el cuarto, heredando una designación ya utilizada por destructores anteriores y por un buque empleado en la posguerra. La selección se realizó dentro de la propia JMSDF y recibió la aprobación del Ministro de Defensa.
La clase Sakura introduce, además, un modelo de patrullera oceánica (OPV) pensado para cubrir misiones de vigilancia rutinaria y alerta temprana con una dotación muy contenida. Cada unidad tiene 95 metros de eslora, un desplazamiento estándar de 1.900 toneladas, 7,7 metros de puntal y 4,2 metros de calado. Su sistema de propulsión, diésel-eléctrico de 2 ejes, desarrolla 18.500 caballos de potencia, permite alcanzar una velocidad máxima de 25 nudos y reduce la tripulación a unos 30 efectivos, apoyándose en sistemas automatizados de navegación. El armamento principal queda fijado en un cañón de 30 mm, mientras que el diseño del casco busca una firma más discreta, en línea con soluciones ya vistas en las fragatas de la clase Mogami. A ello se suma la previsión de integrar drones V-BAT para cometidos de inteligencia y vigilancia.
El programa se inscribe en el Plan de Construcción de Defensa aprobado en diciembre de 2022 por el Ministerio de Defensa japonés, que contempla la adquisición de 12 patrulleras a lo largo de una década para reforzar la supervisión marítima, especialmente en áreas sensibles como las islas del suroeste. El presupuesto de 2023 reservó 35.700 millones de yenes para las 4 primeras unidades, mientras que el de 2026 asignó 28.500 millones para la quinta y la sexta.
Cuando entren en servicio, estas patrulleras quedarán integradas en un nuevo grupo dedicado a la patrulla y defensa de superficie, una solución con la que Japón busca cuadrar una ecuación cada vez más incómoda: más misiones, más espacio marítimo que cubrir y menos margen en personal. Ahí está, precisamente, una de las claves de la clase Sakura, que no se trata sólo de sumar cascos, sino de liberar a unidades mayores de tareas de presencia cotidiana y vigilancia persistente.
La incorporación de la Hinoki y la Sugi deja una idea bastante clara: Japón no está construyendo únicamente patrulleras, está ajustando su instrumento naval a una realidad más exigente, más extensa y menos indulgente con los errores de dimensionamiento. Con medios más austeros en tripulación, pero mejor adaptados a la vigilancia sostenida, Tokio sigue afinando una respuesta pragmática para un entorno marítimo que hace tiempo dejó de ser tranquilo (si es que alguna vez lo fue en los últimos 40 años).
Redacción
defensayseguridad.es

