París no corrige su posición: la misión naval para Ormuz sigue supeditada a que baje la temperatura del conflicto y a que exista un marco claro de seguridad y cobertura internacional




Mientras se desarrolla la videoconferencia del G7, convocada este 11 de marzo por el presidente francés Emmanuel Macron, en aras de coordinar respuestas a la crisis energética provocada por el bloqueo iraní en el Estrecho de Ormuz, el Elíseo mantiene intacta la línea de prudencia anunciada 2 días antes. Fuentes diplomáticas francesas confirman que no hay marcha atrás: las condiciones de seguridad para activar la misión naval multinacional no se cumplen en el actual pico de intensidad del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, tal como ya se explicitó el 9 de marzo durante la visita oficial a Chipre.
En declaraciones pronunciadas ese día en Pafos, junto a los líderes chipriota Nikos Christodoulides y griego Kyriakos Mitsotakis, y posteriormente a bordo del portaaviones Charles de Gaulle frente a las costas de Creta, Macron detalló con precisión los límites de la iniciativa. “Estamos en proceso de poner en marcha una misión puramente defensiva, puramente de escolta, que debe prepararse junto con Estados europeos y no europeos”, afirmó, según transcripciones de agencias como AFP, Reuters y France 24. Añadió: “Su objetivo es permitir, tan pronto como sea posible una vez que pase la parte más cruenta del conflicto, el traslado de barcos cisterna y con contenedores para reabrir gradualmente el estrecho de Ormuz”.
El presidente francés insistió en el carácter condicionado de la operación. “Después de la salida de la fase la más caliente del conflicto”, precisó en varias intervenciones, subrayando que se trata de una “misión puramente defensiva y de apoyo” destinada a “garantizar la libertad de navegación y la seguridad marítima”, sin implicación en acciones ofensivas. Sobre el despliegue naval francés —que incluye el portaaviones nuclear Charles de Gaulle, 8 fragatas y 2 portahelicópteros anfibios posicionados desde el Mediterráneo oriental hasta el mar Rojo—, Macron aclaró que esta fuerza “movilizará” aliados, pero no compromete todavía una composición definitiva ni un envío inmediato a Ormuz. “No vamos a participar en el conflicto en curso”, recalcó, dejando abierta la eventual coordinación bajo mandato de la UE o la OTAN una vez disminuya la escalada. Aquí les dejamos la información al respecto de hace 2 días
Esa reserva encaja con la agenda del G7 de hoy, centrada en medidas no militares como la posible liberación coordinada de reservas estratégicas de petróleo —la AIE evalúa hasta 400 millones de barriles— ante un Brent que ha superado picos de 119 dólares por barril. Expertos en seguridad marítima destacan que la postura francesa responde a una lógica de cálculo: preparar capacidades sin precipitarse en un teatro de guerra activo, donde persisten amenazas iraníes de minado y ataques a buques.
En España, la ministra de Defensa Margarita Robles ha reiterado este 11 de marzo que no hay propuesta formal multilateral y que cualquier participación se limitaría a escenarios “defensivos y con cobertura internacional”, con la fragata Cristóbal Colón manteniéndose en el Mediterráneo oriental (mientras se confirma, o no, su retorno a España) sin extensión confirmada a Ormuz. La firmeza de Macron ante el G7 no representa, efectivamente, un giro, sino la reafirmación de lo expuesto hace 2 días: la misión sólo se activará cuando las condiciones permitan una escolta segura y progresiva, priorizando la desescalada y la estabilidad energética global por encima de cualquier implicación directa en plena hostilidad.
Redacción
defensayseguridad.es

