El contraste: Italia autoriza 8.769 millones de euros para el GCAP

Luz verde financiera italiana al caza de sexta generación GCAP

Italia acaba de convertir el GCAP en algo más que el “programa bandera” que ya era y que venía de un par de semanas de dudas estructurales: lo ha atado con dinero, calendario y un sello parlamentario que, en términos prácticos, equivale a luz verde definitiva. La Comisión de Defensa de la Cámara de Diputados aprobó el 12 de febrero —sin necesidad de voto en el pleno— el esquema de decreto ministerial (Atto del Governo n. 373, SMD 40/2025) que autoriza un tramo de financiación de exactamente 8.769 millones de euros para el Global Combat Air Programme (GCAP). La cifra no es un “hasta” ni un “en torno a”: es la que hay, al menos por el momento, y llega para dar confianza al proyecto.

Lo relevante no es sólo el volumen, sino la lectura política y programática: Italia está pagando para cerrar la Fase 1 y abrir la Fase 2, es decir, pasar de la arquitectura conceptual y el diseño preliminar al territorio incómodo —y caro— del desarrollo completo. El decreto habilita fondos procedentes de recursos ya disponibles en el presupuesto de Defensa a legislación vigente, así que no es una promesa condicionada a futuros “ingresos extraordinarios”, sino una autorización de gasto con respaldo presupuestario en los términos que el propio Ejecutivo ha presentado a la Cámara.

Ese dinero se destina al redondeo final de la Fase 1 (Concept Assessment & Preliminary Design) y al inicio de la Fase 2 (Full Development). Y no se paga “de golpe”: los desembolsos se fragmentan en tramos anuales con horizonte hasta 2037, siguiendo el cronograma oficial incluido en la documentación parlamentaria. El mensaje implícito es que el GCAP deja de ser una intención (si es que realmente aún lo era) y pasa a ser una obligación plurianual.

La ficha técnica remitida al Parlamento actualiza el coste total de las 2 primeras fases a 18,6 mil millones de euros a precios 2025, frente a los 6 mil millones de 2021. No es un ajuste, es el salto natural que debía producirse. De esa cantidad ya se habían autorizado y en parte ejecutado 2 mil millones; los 8.769 millones ahora aprobados cubren una parte sustancial de los 16,6 mil millones restantes, y el saldo quedará para futuras autorizaciones.

La consecuencia política y mediática llega, así, con esta decisión, y el GCAP se convierte en el programa de armamento más caro de la historia de las Fuerzas Armadas italianas, por encima incluso del coste total de adquisición de los 90 F-35. Si el F-35 fue “la gran compra”, el GCAP es “la gran apuesta”, y una apuesta de este tamaño, cuando empieza a consolidarse en partidas plurianuales, se vuelve resistente a los vaivenes, pero también devoradora de margen presupuestario, que todo hay que decirlo.

La aprobación llega además en un contexto poco romántico porque, como todos nuestros lectores saben, habían aflorado tensiones entre los socios, con especial ruido desde Roma. Por un lado están las críticas públicas del ministro italiano de Defensa, Guido Crosetto, dirigidas al Reino Unido por no compartir plenamente tecnologías: habló de barreras de egoísmo y llegó a calificar esa actitud, en enero pasado, como una “locura” que beneficia a los adversarios. Por otro, el elefante británico: retrasos en la firma del contrato de desarrollo pleno por problemas presupuestarios, previsto para finales de 2025 y aún pendiente, según referencias oficiales, de enero de este año.

La paradoja es que mientras se discute por propiedad intelectual y los calendarios, Italia mete sobre la mesa casi 9 mil millones. No porque no vea el problema, que existe, sino porque entiende el riesgo: un programa de sexta generación no se rompe por uno varios titulares, se rompe por un vacío de financiación justo cuando hay que pasar del diseño a lo metálico, en el sentido de adición de componentes, no en el económico.

En paralelo, el contraste con el FCAS (Francia-Alemania-España) se describe solo. Mientras el GCAP suma autorización presupuestaria y horizonte de pagos, el FCAS sigue empantanado en la Fase 2 del NGF, con negociaciones prácticamente bloqueadas por las disputas industriales entre Dassault y Airbus sobre liderazgo, cuotas de trabajo y, sobre todo, propiedad intelectual, de las que tanto hemos hablado en DYS. Fuentes del sector apuntan en este febrero que el desarrollo conjunto del caza podría no materializarse, a que los socios buscan alternativas fuera del programa y a que el demostrador de vuelo continuará acumulando retrasos sine die, en una suerte de enredo que hace cada vez más difícil salir del embrollo.

El GCAP mantiene el objetivo de un primer avión operativo hacia 2035, con la idea de substituir progresivamente a los Eurofighter F-2000 de la Aeronautica Militare. La fecha suena bien porque tiene forma de plan, pero está sostenida por una condición silenciosa: que el salto a Full Development no se convierta en un campo de minas industrial, presupuestario y tecnológico. El dinero italiano compra continuidad, pero no compra automáticamente consenso entre socios ni resuelve qué se comparte, qué se protege y quién lidera cada bloque crítico. Éso habrá que ir desgranándolo conforme las fechas avancen.

Lo que sí hace esta autorización es fijar un punto de no retorno: a partir de ahora, si el GCAP descarrila, ya no será por falta de “voluntad/dinero”. Será por algo bastante más feo: incapacidad de gestión entre socios en el momento en que la sexta generación deja de ser un PowerPoint y empieza a exigir decisiones irreversibles. Estaremos atentos.

 

Jorge Estévez-Bujez

defensayseguridad.es

 

Un comentario

  1. Que envidia….!!
    Pasan de de un 4.5G con un 5G más invierten ya en un Sexta generación.

    Aquí…un Ef2000 con entregas confirmadas en 2040!!!
    Más modernizar un Ef18M con 40 años y que llegue a los 65 años…y yo que se…..
    Bandazos de un sitio a otro para colocar a alguna empresa afín a dedo ( y a cara descubierta). Como siempre el producto final ,capacidades y como estemos es lo de menos.

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