La sombra del sabotaje en la marina alemana: 2 años de vulnerabilidades y de sospechas que la autoridades navales tratan de resolver
El caso más reciente de sabotaje en la Deutsche Marine ha vuelto a encender todas las alarmas en el seno del Ministerio de Defensa alemán. En junio de 2025, mientras permanecían en mantenimiento en el astillero Blohm+Voss de Hamburgo, las corbetas FGS Köln y FGS Emden fueron objeto de actos deliberados de sabotaje que pudieron haber comprometido seriamente su integridad y operatividad. ¿Rusia? Es posible, pero nada trasciende por el momento.
Según se ha informado, dos trabajadores civiles —un rumano de 37 años, detenido en Hamburgo, y un griego de 54, arrestado en Grecia este mismo mes— fueron acusados por la Fiscalía General de Hamburgo de introducir más de 20 kg de grava abrasiva en el bloque motor de una de las embarcaciones. También habrían perforado líneas de agua dulce, retirado tapas de tanques de combustible y desactivado fusibles electrónicos de seguridad. Gracias a una inspección final previa a su salida, se evitó un fallo estructural de consecuencias potencialmente graves.
Estas corbetas pertenecen al segundo lote del programa K130 (también conocido como clase Braunschweig), un proyecto de 2.000 millones de euros que abarca 5 buques destinados a operaciones en zonas como el mar Báltico. Las investigaciones siguen abiertas y, hasta la fecha, no se ha esclarecido el motivo último que ha propiciado estos actos, más allá del daño operativo a las naves, por lo que se mantienen las pesquisas y, cómo no, la presunción de inocencia de los implicados.
Este incidente no ha sido un caso aislado, sino el más grave de una cadena sostenida de sabotajes en el seno de la Marina alemana en los últimos 2 años.
Ya en enero de 2025, la corbeta Emden —en el mismo astillero Blohm+Voss— fue víctima de un ataque similar, cuando se descubrieron docenas de kilogramos de virutas metálicas en la caja de cambios del sistema de propulsión. El entonces inspector de la Marina, vicealmirante Jan Christian Kaack, confirmó en febrero de ese año que se trataba, cómo no, de un acto intencional.

Foto: Javier Sánchez, para Revista Naval
Poco después, a finales de febrero de 2025, el caso alcanzó a una unidad de mayor calado: la fragata Hessen, que durante una revisión en el arsenal de Wilhelmshaven fue objeto de otro posible sabotaje. Unos 50 litros de aceite usado fueron vertidos en el sistema de agua potable por un contratista civil. Aunque no se ha confirmado con certeza que se tratara de un acto doloso, el caso se sigue examinando bajo sospecha y aún no han concluido las pesquisas.
La serie no acaba ahí. Anteriormente, en mayo de 2024, en el astillero Tamsen de Rostock, se denunció otro caso de sabotaje, esta vez en un cazaminas de la Marina. En este episodio, varios arneses de cables fueron cortados intencionadamente, lo que ponía en riesgo el funcionamiento de los sistemas eléctricos del buque. La Fiscalía de Rostock cerró el caso meses después sin identificar a los autores.
En conjunto, el vicealmirante Kaack reconoció en 2025 un patrón preocupante: acercamientos sospechosos a personal militar, intrusiones en instalaciones navales y una serie de interferencias que, más allá de su daño técnico puntual, evidencian una creciente exposición a amenazas híbridas, tanto en tiempos de guerra como de paz. Esta situación ha puesto en alerta a las autoridades navales alemanas, que están experimentando una situación anómala en el propio territorio germano, donde los periodos de descanso de buques y tripulación, o los de revisión y mantenimiento, se están convirtiendo en una fuente de problemas y sospechas.
Los incidentes reseñados no sólo han puesto en duda la eficacia de la seguridad de la infraestructura naval alemana, sino que retratan la vulnerabilidad de casi cualquier programa naval ante ataques internos y/o encubiertos. Lo que antes podía parecer improbable, hoy obliga a replantear la seguridad industrial, logística y contratista dentro de las fuerzas armadas alemanas, y a poner en cuestión los procedimientos de seguridad usados hasta ahora, sin duda insuficientes. La Deutsche Marine, bajo presión, necesita garantías de que sus embarcaciones no serán saboteadas desde dentro, pero, por el momento, esa es una certeza esquiva que está poniendo a prueba a las autoridades y al personal de la Institución naval germana.
Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es

