Canadá enfrenta 2 modelos industriales en su mayor licitación naval desde la Segunda Guerra Mundial: la apuesta alemana por la transformación estructural frente a la ofensiva surcoreana de impacto inmediato

El Type C212CD alemán
En el marco del ambicioso Canadian Patrol Submarine Project (CPSP), valorado en más de 12.000 millones de dólares y destinado a dotar a Canadá de hasta 12 submarinos convencionales con capacidad de operar en el Ártico, Berlín y Seúl se disputan algo más que un contrato naval. ThyssenKrupp Marine Systems (TKMS) y Hanwha Ocean encabezan la recta final del proceso, en una puja que pone sobre la mesa no sólo tecnologías submarinas, sino modelos económicos contrapuestos, alianzas industriales y compromisos de largo plazo con el tejido productivo canadiense.
Una oferta alemana de 30 años
Hoy traemos la oferta alemana a DYS, para ponerla en perspectiva con respecto de la coreana, de la que informamos el día 26 del presente. La propuesta liderada por TKMS ha escalado considerablemente en las últimas semanas. La compañía no se limita a presentar su submarino Type 212CD adaptado al entorno ártico, sino que ha construido un paquete de propuestas industriales que va mucho más allá del ámbito naval. Berlín plantea una inversión multimillonaria a tres décadas, orientada no solo a cumplir con los offsets exigidos por Ottawa, sino a moldear parte del tejido económico canadiense futuro.
El paquete incluye compromisos en sectores como la minería de tierras raras, inteligencia artificial y producción de baterías para vehículos eléctricos, áreas que el gobierno de Trudeau ha priorizado en su agenda de reindustrialización y transición energética. En este marco, entidades como Isar Aerospace, parte del ecosistema aeroespacial alemán, figuran entre los potenciales socios en proyectos paralelos.
Según fuentes canadienses, entre 30 y 40 empleados de TKMS trabajan a tiempo completo en afinar esta propuesta, que será presentada formalmente en los próximos meses. La visita de Oliver Burkhard, CEO del astillero alemán, prevista para marzo, forma parte de una estrategia que busca garantizar que Ottawa perciba la oferta como algo más que una compra de submarinos: se trata de una apuesta estructural por la colaboración germano-canadiense en industrias clave.
Esta estrategia también apunta a compensar el riesgo de dependencia excesiva del proveedor estadounidense, en un momento en que la flota canadiense de clase Victoria se aproxima al final de su vida útil, y la Casa Blanca no ha sido considerada entre las opciones de reemplazo.
La respuesta surcoreana: velocidad y volumen
Frente a esta oferta de consolidación a largo plazo, se encuentra la de Hanwha Ocean -que más arriba comentábamos- ha optado por una ofensiva comercial de ejecución inmediata. La delegación surcoreana selló una batería de memorandos de entendimiento (MOUs) con firmas canadienses, todos ellos con cifras y plazos cerrados.
Entre los acuerdos figura uno con Algoma Steel, que condiciona hasta 275 millones de dólares en acero al éxito de la oferta. También se suman pactos con Telesat (satélites de órbita baja), MDA Space (tecnología espacial), Cohere (IA) y PV Labs (sistemas electro-ópticos), entre otros. Estas alianzas pretenden inyectar beneficios inmediatos a la economía canadiense, priorizando la generación de empleo directo, sobre todo en sectores como la siderurgia y las tecnologías digitales.
Esta táctica, como no podía ser de otra manera, choca frontalmente con la alemana. Mientras Berlín plantea un ecosistema multisectorial que maduraría en el tiempo, Seúl ofrece retornos visibles y cuantificables desde el primer momento, ajustados al calendario político y presupuestario de Ottawa.
Más que submarinos: soberanía industrial y equilibrios políticos
En el fondo, lo que se disputa en el CPSP es algo más amplio que una simple plataforma naval. La licitación se ha convertido en un campo de pruebas para evaluar qué tipo de cooperación estratégica prefiere Canadá: una visión de transformación estructural sostenida o una acumulación de impactos puntuales de alto valor inmediato.
Fuentes canadienses admiten que el componente técnico es sólo uno de los elementos en juego. La capacidad de operar en el Ártico, sin duda, es crítica. Pero también lo es la alineación con prioridades industriales nacionales, como la transición energética, la soberanía tecnológica y la reducción de la dependencia de proveedores estadounidenses.
La exclusión de astilleros norteamericanos del proceso ha enviado un mensaje claro en medio de las enrarecidas relaciones con el vecino del sur: Ottawa quiere diversificar sus alianzas estratégicas. En ese terreno, tanto Alemania como Corea del Sur intentan presentarse como socios fiables, con propuestas distintas, pero cada una adaptada a una parte del discurso político canadiense.
La decisión final se espera para finales de 2026. Hasta entonces, lo que veremos será una campaña intensa de presión política, visitas institucionales, compromisos industriales y gestos públicos de respaldo a uno u otro modelo. Lo que está en juego, decíamos, no son sólo submarinos: es una parte del futuro económico y estratégico de Canadá.
Redacción
defensayseguridad.es

