Dinamarca mueve ficha en Groenlandia: más tropas, más frío, más política

Donald J. Trump: «No hay vuelta atrás»

No hay vuelta atrás, escribió Donald Trump ayer en Truth Social, desatando otro episodio de tensión que parece sacado de un manual de disuasión de los años 50. El presidente estadounidense reclamó que Groenlandia debe estar bajo control norteamericano, apelando a razones de “seguridad nacional y mundial”. Lo acompañó, claro, con imágenes fabricadas por inteligencia artificial donde la bandera de EE. UU. ondea sobre la tundra ártica.

El Gobierno danés, por su parte, no ha entrado en las provocaciones. Seguirá respondiendo con el envío de soldados

Desde mediados de enero, Dinamarca ha incrementado notablemente el que hasta el momento sigue siendo un modesto despliegue militar en Groenlandia, en el marco de Operation Arctic Endurance, un ejercicio dirigido por sus propias fuerzas armadas que incluye apoyo limitado de varios países aliados. La operación, que durará la mayor parte de 2026, no es nueva: forma parte de un plan aprobado en 2025 que busca dotar al país de herramientas prácticas para operar en condiciones extremas y proteger infraestructuras críticas en el norte.

Más soldados, moderado silencio

Antes de este movimiento, el Comando Ártico Conjunto mantenía una presencia testimonial en la isla: unos 150-200 efectivos entre personal civil y militar. Pero desde el 14 de enero, las cosas han cambiado. Primero llegaron 60 soldados daneses, desplegados en Nuuk. Luego, el 19 de enero, aterrizó otro contingente de 58, escoltados por el propio jefe del Ejército, el general Peter Boysen.

118 soldados en total en apenas 5 días. Todos ellos con entrenamiento específico para operar en entornos árticos. Infantería, equipos logísticos, vigilancia terrestre. Nada llamativo. Ninguna unidad de operaciones especiales identificada. Pero sí preparados para quedarse.

Nuuk, Kangerlussuaq y lo que vamos conociendo

Los soldados están desplegados en 2 puntos clave: la capital, Nuuk, y el centro logístico de Kangerlussuaq, en el oeste de la isla. Las razones son logísticas y técnicas: desde allí pueden recibir refuerzos, proteger líneas de comunicación —incluidos cables submarinos— y asegurar el control de aeródromos de uso dual.

Los medios daneses han evitado vincular directamente este movimiento con las palabras de Trump. Tampoco hay una narrativa de confrontación. Lo que sí hay es una determinación clara de ampliar la presencia en el terreno, con perspectivas de mantener una rotación continua durante el año. Según el ministro de Defensa, Troels Lund Poulsen, el objetivo es establecer una contribución «más permanente«. Sin demasiado ruido, poco a poco, Dinamarca irá reafirmando la soberanía y seguridad de Groenlandia. No debemos esperar grandes despliegues de varios cientos o miles de soldados daneses como respuesta a las pretensiones de Washington, aún no -todo se andará-. Muy probablemente en Copenhague han decidido que es mejor mantener la calma y la compostura, lejos de decisiones precipitadas que puedan acelerar tensiones.

Aviones, barcos y aliados: con sordina

Además del personal terrestre, Arctic Endurance incluye aviones C-130 Hercules, medios navales y un puñado de efectivos aliados de países como Francia, Alemania, Noruega, Suecia, Finlandia, Países Bajos y Reino Unido. Ninguno con más de unas pocas decenas de personas. Reconocimiento, logística, ejercicios conjuntos. Poca huella, pero no por ello irrelevante.

Dinamarca conserva el liderazgo absoluto del despliegue. No hay mando compartido. No hay rotación OTAN. Es un despliegue danés con aliados, no un despliegue aliado en territorio danés.

Groenlandia no sale del debate

Las declaraciones de Frederiksen han sido tan discretas como firmes. Para la primera ministra, la defensa de Groenlandia es una tarea compartida con el resto de la Alianza, pero sigue siendo una responsabilidad nacional. Los daneses no están marcando territorio frente a Washington. Están ocupando el suyo. Con orden, con planificación, y sobre todo, con un calendario que responde, sí, a decisiones tomadas antes de los exabruptos de Trump, pero sin enervar a nadie, sin acelerar una respuesta peor de los Estados Unidos.

Las próximas fases del ejercicio aliado podrían incluir más activos navales y el despliegue de cazas F-35, dentro del plan de renovación de capacidades árticas aprobado por el Folketing -Parlamento danés-. Lo que está claro es que Groenlandia vuelve a estar en el mapa. No en el de los discursos, en el que está atrapada hace 2 semanas, sino en el que importa: el de los despliegues.

 

Redacción

defensayseguridad.es

 

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