Trump propone aumentar el presupuesto de defensa de EE. UU. a 1,5 billones de dólares en 2027: ¿modernización o delirio fiscal?
La cifra estremece incluso en un país acostumbrado a cifras desmesuradas: Donald Trump ha propuesto elevar el presupuesto de defensa estadounidense a 1,5 billones de dólares para el ejercicio fiscal 2027. Un salto del 66% respecto a los 901.000 millones aprobados para 2026. El anuncio, hecho a través de la red social Truth Social, ha sido tan abrupto como característico: “Necesitamos un Ejército de ensueño”, escribió el presidente, “que nos mantenga seguros independientemente del enemigo”.

La iniciativa, o más bien el deseo presidencial, se amolda a una serie de decisiones recientes que dibujan una política exterior más agresiva y menos diplomática: intervención directa en Venezuela con el derrocamiento de Nicolás Maduro, mención a una posible adquisición de Groenlandia e imposición de aranceles masivos como mecanismo de recaudación.
La promesa fiscal de Trump es simple en lo verbal, y será compleja en lo contable: financiar este aumento con los ingresos arancelarios y redistribuir parte de ellos en forma de “cheques de dividendo” a ciudadanos de ingresos medios. Pero el Comité para un Presupuesto Federal Responsable (CRFB) estima que esta fórmula generaría un coste añadido de 5,8 billones de dólares a la deuda nacional hasta 2035, una cifra difícil de reconciliar con los supuestos ingresos arancelarios actuales.
En paralelo, los mercados reaccionaron con entusiasmo, sobre todo los del ramo. Las acciones de Lockheed Martin (+6,2%), General Dynamics (+4,4%) y RTX (+3,5%) subieron tras el anuncio. No obstante, Trump critica igualmente con dureza al sector, en especial a Raytheon, por la “lentitud intolerable” en la entrega de armamento, advirtiendo que prohibirá recompras y dividendos si no aceleran la producción, como puede leerse en el New York Times. Una orden ejecutiva ya firmada prevé auditar a los contratistas, aunque sin medidas concretas sobre salarios ejecutivos o incentivos financieros. No puede decirse que al presidente Trump le asuste abrir frentes de todo tipo y color ante cualquier tipo de adversario, extranjero, nacional, público o privado.
Desde una perspectiva histórica, no se ha registrado un salto presupuestario de esta magnitud desde hace más de media centuria. Ni siquiera durante la era Reagan se superaron incrementos anuales del 25%. A poco que uno se de un paseo por los medios nativos y las agencias, encontrará firmas que caen o no del lado del presidente. Algunos acuden no a las majestuosas cifras, sino a la fortaleza para encajarlas por la industria, como Byron Callan (Capital Alpha Partners), citado por Reuters, que duda de la capacidad del complejo militar-industrial para absorber este caudal de fondos sin generar cuellos de botella o despilfarro.
A nivel comparativo, el presupuesto propuesto triplica el gasto militar chino (unos 245.000 millones de dólares) y multiplica por 9 el ruso (alrededor de 160.000 millones), aunque estas cifras no son directamente homologables, debido, como es natural, a las diferencias estructurales y de costes operativos de unas y otras potencias.
La aprobación parlamentaria parece probable, al menos por aritmética: los republicanos afines a Trump mantienen mayorías ajustadas en ambas cámaras. No obstante, las dudas legales sobre la constitucionalidad de los aranceles como fuente principal de financiación podrían acabar recalando en el Supremo, lo que podría truncar las aspiraciones, digamos, planetarias de Trump.
Lejos de matices, el mensaje político es claro: Trump no busca simplemente reforzar la defensa, sino redefinir el papel militar de EE. UU. como actor económico, diplomático y coercitivo a escala global. Queda por ver si el Pentágono puede ejecutar una expansión de tal calibre sin provocar una crisis fiscal paralela.
Redacción
defensayseguridad.es
Fuentes: Reuters, The New York Times, Truth Social, CRFB.

