Saab levanta el telón: Alemania y Suecia, más cerca del post-FCAS. España tras la barrera

El pasado 21 de diciembre, el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung publicó una entrevista de DeAnna Sophie Kühne a Micael Johansson, director ejecutivo de Saab, cuyas declaraciones, lejos de ser simples apuntes corporativos, suponen un giro tectónico, otro más, en el incierto horizonte del programa FCAS y, por extensión, del futuro de la aviación de combate europea.
En sus palabras se entrevé no sólo la posición de Suecia como actor soberano y oferente, sino una puerta entreabierta a una cooperación estructural con Alemania y, previsiblemente, con España. Lo dicho por Johansson pone por escrito lo que desde hace meses se intuía y que desde DYS hemos venido documentando: el FCAS original está moribundo. Y mientras Dassault y Airbus se asfixian en su pulso de poder, otros actores preparan el día después; aunque, todo hay que decirlo, favorecidos por el gigante aeronáutico europeo, la propia Airbus, que se ha encargado de ir preparando el terreno mediático para lo que está por venir: una más que previsible entrada de Estocolmo como socio político e industrial de lo que será el nuevo FCAS (se llame como se llame en un futuro).
¿Una alternativa real al FCAS trinacional?
Johansson no esquiva la cuestión: «Estamos listos para un avión de combate conjunto con Alemania«, afirma con una contundencia que sólo puede interpretarse como una oferta clara, madura y condicionada por una voluntad política bilateral firme. Estamos asistiendo a una presentación diferida, gradual, de la compañía sueca Saab en el futuro programa aeronáutico, mientras adjunta, cómo no, que quiere conservar su capacidad industrial completa y no ceder su autonomía a un tercero, pero no cerrando ninguna puerta. «Sin embargo, no cerramos ninguna puerta. Estamos listos para un avión de combate conjunto con Alemania, siempre que exista un claro compromiso político de ambos gobiernos». El mensaje: Suecia está dispuesta a cooperar, pero sin ser satélite de nadie. «Otro requisito previo es que podamos seguir construyendo sistemas de avión de combate de forma independiente y no ceder la mitad de estas competencias a otra empresa».

Interpretaciones de los futuros cazas de Saab. Foto: SAAB
Esta disposición cobra un valor inmediato si se interpreta a la luz de lo acontecido este diciembre en Berlín. La reunión de ministros de defensa escenificó la parálisis irreversible del FCAS tal y como fue concebido. Sin acuerdos ni hojas de ruta, el programa se mantiene formalmente vivo, como decíamos, pero en estado vegetativo. Las tensiones industriales, el mutuo recelo franco-alemán y la falta de resultados tangibles fuerzan a Berlín a buscar alternativas, y Johansson, persuadido por las insinuaciones alemanas, está ofreciendo una.
Cooperación no subordinada: el modelo sueco
Uno de los puntos más reveladores de la entrevista es la forma en que Saab propone reorganizar el proceso de adquisición de tecnología: un modelo evolutivo, con entregas escalonadas y mejoras continuas, al estilo «iPhone». Esta filosofía, diametralmente opuesta a la rigidez de los programas como el FCAS, permitiría a las fuerzas armadas operar sistemas suficientemente capaces a corto plazo mientras la industria mejora progresivamente el producto. «Las tropas recibirían inicialmente algo ‘suficientemente bueno’, por así decirlo, y luego desarrollaríamos gradualmente el producto, como un iPhone».
En este marco, Johansson plantea incluso una «suscripción para drones», en la que el Estado paga por la disponibilidad de producción inmediata, y la empresa se compromete a actualizar continuamente el sistema. La lógica del software aplicada al combate aéreo, pero con un trasfondo político claro: rapidez, flexibilidad e independencia. «El gobierno pagaría una cuota mensual por nuestra disponibilidad para aumentar la producción con sólo pulsar un botón. Sería básicamente una suscripción para drones».
Alemania en el centro del tablero
Saab lleva décadas colaborando con la Bundeswehr y con empresas como Diehl Defence. Aunque el entorno industrial germano es cerrado y competitivo, Johansson es claro: quieren aumentar su presencia local, transferir tecnología, generar empleo y crecer en Alemania. «Alemania es un país clave para nosotros en Europa. Queremos seguir creciendo en Alemania». A la vez, confirma conversaciones preliminares con Airbus Defence para una futura capacidad no tripulada conjunta. «El primer paso para la cooperación debería ser la capacidad de vuelo no tripulado; en este caso, hablamos más bien de un plazo de cuatro a cinco años para su entrega». Esta última afirmación es clave: hay un trabajo técnico ya en marcha, y sólo falta un compromiso formal para arrancar. «Ya estamos en conversaciones con Airbus Defence al respecto».

La posibilidad de un programa de 6.ª generación sueco-alemán ya no es hipotética, sino tangible. Y si se consolida, España debería decidir si acompaña o se permanece anclada a un proyecto parisino. Falta por ver cuál de los 2 proyectos respondería a sus intereses industriales y a sus necesidades operativas. Los argumentos para cada una de las opciones están ahí, y son de sobra conocida: el caza embarcado del lado francés; la delicada motorización para el caso germano; el papel de comparsa de la mano de los galos (y por qué no de los germanos); la dilatación de los plazos; la variable del F-35, el innombrable, en el caso de unirse a Suecia y Alemania…
España y el dilema de los cazas
Como señalamos hace días en DYS (“Después del FCAS: 6.ª con Suecia y el innombrable”), puede que la opción más realista para España sea una alianza reforzada con Alemania, con Airbus como núcleo industrial. La posible entrada de Suecia permitiría sumar un socio tecnológico solvente, con experiencia real en el diseño de aeronaves de combate, sensores y guerra electrónica. Un eje Madrid-Berlín-Estocolmo podría rescatar lo aprovechable del FCAS y relanzarlo bajo parámetros funcionales y equilibrados.
Esta vía exigirá renuncias, como abandonar la teórica versión naval del NGF, y asumir una transición tecnológica probablemente basada en el F-35C, como se detalló en ese mismo artículo, y también riesgos, como afrontar un motor solvente para el nuevo caza. Pero también abre la puerta a participar en un sistema coherente, con capacidades complementarias, tiempos quizá más realistas y sin los bloqueos de liderazgo que han lastrado el modelo franco-alemán.
Lo que se deduce
La entrevista de Micael Johansson no es un globo sonda. Sólo puede interpretarse como un gesto calculado, políticamente significativo, medido y técnicamente solvente. Saab quiere estar en el futuro del combate aéreo europeo. Alemania busca una salida al colapso del FCAS. Y España no puede permitirse la inacción.
El momento de decidir es ahora. O se construye una alternativa viable con socios alineados en necesidades, plazos y cultura de defensa (sean cuales sean), o se corre el riesgo de quedar descolgado de cualquier opción. Lo que propone Suecia no es humo: es una respuesta al cortejo alemán. Una oportunidad de hacer las cosas de otra manera. Quien quiera entender, que lea a Johansson con atención. Al menos él, propone un modelo de colaboración, adelanta sus condiciones y tiene tras de sí un currículo industrial notable.
Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es


2 respuestas
Y si nos metemos en los dos fregados? En el FCAS (Alemania-suecia-españa) y con Francia vamos de la mano y aceptamos una menor participacion, quien sabe un 33% o un 25/20%. Por un lado tendríamos un caza pesado que parece que siempre ha sido del gusto de Alemania, al EdA también parece que prevalece esa idea, de los suecos no lo tengo tan claro. Con Francia sacaríamos ese caza embarcado más ligero para ese proyecto de portaaviones catobar. Seguramente 40 cazas acabarían mínimo en la Armada. Lo que tengo claro es que tanto con Alemania, Francia, Suecia y España se unirían para crear esa nube de sistemas.
¿Con qué motores?¿Americanos? ¿De Málaga a Malagón?
Nos conviene disminuir nuestra dependencia de los EE. UU. -a nosotros en particular y a Europa en general- ¿y la propuesta es meterle motores americanos y, además, operar el F35C?
Y en cuanto al armamento de esos F35C, ¿nos olvidamos también de los Meteor, Iris-T, Brimstones (aunque estaría la opción de los Spear3, que no son lo mismo, pues a cambio de un mayor alcance carecen de guuaido láser) y futuro Valero de Indra? ¿Y también dejamos de lado poder equiparlos con TaurusNeo? O con el futuro ELSA. O integrarlos en nuestra nube de combate de drones con los protocolos europeos que sí que llevan los NH90 y Tigres, seguramente también el Sirtap y el Eurodrón.
Prefiero un acuerdo con los franceses. Airbus también es francesa; tiene la sede central en Toulouse, por cierto.
Airbus Alemania, manifiestamente incapaz de diseñar por sí somos una aeronave: ni un dron de combate, tampoco un caza. No nos gusta que Dassault -no sin razón- acapare el protagonismo, pero no pasa nada si a cambio -por necesidad, porque Airbus Alemania es incapaz de hacer la O con un canuto; no han sabido ni hacer un dron de tipo Valkiria y Alemania lo ha tenido que comprar en EE. UU.- el caza lo diseña Saab. Y con un diseño pensado, según el artículo- para Alemania, no para nosotros -ya que se prescindiría, de acuerdo con el articulo- de la versión naval y nos obligaría ir a por el F35C-.
No le acabo de ver el sentido a esa propuesta de asociación para nosotros.