Japón: un asesor del Primer Ministro habría sugerido que el país necesita armas nucleares
A raíz de una información publicada este jueves por el medio japonés Kyodo News, se ha conocido que un miembro de la oficina del Primer Ministro japonés habría declarado que Japón “debería poseer armas nucleares”, rompiendo así con una de las líneas rojas históricas de la política de defensa japonesa. Fuentes en Tokio identifican al autor de estas declaraciones como Akihisa Nagashima, asesor especial del Ejecutivo en asuntos de seguridad nacional, con competencia directa en materia de no proliferación y desarme nuclear.

Akihisa Nagashima
Nagashima, en conversación informal con reporteros, habría señalado que, pese a que no es una medida “realista” a corto plazo, Japón sólo puede confiar en sí mismo en cuestiones de disuasión estratégica. Aunque no lo dijo explícitamente, el contexto de su afirmación deja pocas dudas: se trata de una alusión a la dependencia de Tokio respecto al paraguas nuclear estadounidense, y a su insuficiencia ante amenazas inmediatas en la región, que están siendo la tónica habitual entre las cancillerías de la región.
La información ya ha provocado un revuelo mayúsculo en todo el mundo y, de ser cierta, se produce en un momento político particularmente delicado. La primera ministra, Sanae Takaichi —conocida pese a su todavía corta trayectoria en el poder por su línea dura en defensa— no ha desmentido ni condenado públicamente las declaraciones, y continúa valorando una posible revisión de los Tres Principios No Nucleares que han regido la política japonesa desde 1967: no poseer, no producir y no permitir el ingreso de armas nucleares en el territorio nacional.
Dejar atrás los tabúes
Como ya analizamos recientemente en DYS (“China-Japón: una semana en llamas”), la administración Takaichi ha iniciado un viraje discursivo y doctrinal que rompe con décadas de ambigüedad estratégica. La propia jefa del Ejecutivo admitió en sede parlamentaria el pasado 7 de noviembre que un bloqueo naval chino a Taiwán podría constituir una amenaza existencial para Japón, abriendo así la puerta a una intervención militar bajo el principio de legítima defensa colectiva.
Desde entonces, el lenguaje oficial en Tokio ha endurecido su tono, el de Pekín a escalado a la par (o viceversa) y el debate público ha comenzado a transitar espacios hasta hace poco impensables, inabordables desde cualquier punto de vista informativo. El tabú nuclear —nacido del trauma histórico de Hiroshima y Nagasaki— comienza a resquebrajarse, probablemente no por capricho ideológico, sino como consecuencia directa del deterioro del entorno regional.

Japón observa cómo China incrementa su presión militar en el mar de China Oriental, activa campañas de coersión económica y amenaza de forma explícita con represalias “devastadoras” si Tokio llega a intervenir en un hipotético escenario taiwanés. La lógica defensiva de posguerra, basada en la neutralidad y el pacifismo constitucional, ya no parece suficiente a ojos de ciertos sectores del establishment japonés, como el que representa Nagashima.
¿Una declaración aislada o una señal premeditada?
La oficina del Primer Ministro ha negado que haya existido una discusión directa con Takaichi sobre la revisión de los principios no nucleares, pero la sincronía entre sus recientes posiciones públicas y esta filtración sugiere lo contrario y permite, al menos, establecer un punto de salida para un debate en efervescencia que, más pronto que tarde, estaba llamado a implosionar, como así ha sido. No debemos obviar que estamos en un contexto donde las declaraciones altisonantes se vienen produciendo con inusitada rapidez en el otrora calmado ritmo político nipón, y que el aparato de seguridad japonés no da puntada sin hilo. Así, declaraciones como la de Nagashima raramente son espontáneas o individuales.
La filtración a Kyodo News, uno de los medios más influyentes y tradicionales del archipiélago, no debe entenderse como una mera disidencia técnica, sino como una forma de tantear la reacción interna e internacional ante una eventual ruptura del consenso posnuclear japonés.
Japón no está solo en esta deriva: Corea del Sur, como ya es público, ha coqueteado en ocasiones con la posibilidad de desarrollar capacidades nucleares propias, e incluso en Europa, las voces a favor de una “disuasión autónoma” empiezan a emerger con más fuerza, particularmente tras la invasión rusa de Ucrania. Incluso en países en absoluto sospechosos de afinidad con los medios nucleares, como España, de cuándo en cuándo se desliza la posibilidad de coquetear con el segmento atómico, aunque sea a través de reactores en medios navales, tal y como informamos hace menos de un mes: https://defensayseguridad.es/el-futuro-debate-sobre-la-propulsion-nuclear-en-la-armada/
Las grietas en la arquitectura del noreste asiático
A nivel regional, esta afirmación añade tensión al, ya de por sí, inestable equilibrio del noreste asiático. La simple mención del armamento nuclear por parte de Japón es suficiente para desatar alertas en Pekín, Pyongyang y Moscú. Pero más allá de la alarma inmediata, el verdadero mensaje es otro: Tokio ya no descarta ninguno de los escenarios posibles.
Esta mentalidad, creemos, no nace de una deriva belicista voluntaria, sino de la conciencia creciente de que Japón se encuentra solo frente a un teatro estratégico que se deteriora rápidamente. La dependencia absoluta de la disuasión estadounidense, cuya continuidad no está asegurada en caso de cambios políticos en Washington, ya no ofrece certezas suficientes. La apuesta de Tokio sería, en este caso, doble: por un lado, reforzar su credibilidad defensiva; por otro, presionar a EE.UU. para blindar compromisos que hoy resultan ambiguos en escenarios como Taiwán.
Mientras tanto, los Tres Principios No Nucleares, que, entre otras cosas, le valieron -en parte- al ex primer ministro Eisaku Sato para el Nobel de la Paz en 1974, podrían estar entrando en su etapa final. No hay aún una reforma oficial, ni un anuncio público, pero la semilla ha sido plantada. Y lo ha sido, probablemente, con conocimiento y respaldo desde el más alto nivel político.
Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es


Un comentario
El mundo ha cambiado en los últimos pocos años. Rusia ha amenazado con sus armas nucleares a países no nucleares. EEUU ha demostrado que es capaz de abandonar e incluso traicionar a sus aliados como ha ocurrido con su apoyo a Rusia y en Extremo Oriente ya saben que llegado el momento EEUU les dará la espalda y se limitará a observar cómo China se come la región. Es normal que en este contexto haya comenzado la carrera nuclear. Primero tímidamente y pronto abiertamente y con decisión. Los países orientales tienen en realidad el mismo problema que Europa: un tirano nuclear en la región amenaza con esclavizarlos y saben que nadie vendrá a defenderlos por lo que tienen que preparar su defensa por sus propios medios y entre estos ninguno es más disuasorio que el arma nuclear con sus vectores apropiados.