¿Ejercicio rutinario o aviso con esteroides?
La PLAN ha sacado músculo como pocas veces, y lo ha hecho sin avisar
(Con información de Yimou Lee y Ben Blanchard – Reuters, y redacción de The Japan Times)

La Armada del Ejército Popular de Liberación de China. Foto: PLAN
Lo han confirmado fuentes de seguridad regional a Reuters, que ha tenido acceso a documentos de inteligencia que detallan el despliegue. No es una maniobra anunciada. No hay nombre oficial. No hay “ejercicio conjunto” con cartel. Pero sí hay decenas de barcos, en algunos momentos, según se afirma, más de cien, proyectando presencia frente a Japón, alrededor de Taiwán y a lo largo de la primera cadena de islas de la mar gualda.
Es la mayor presencia naval simultánea del EPL desde que se tiene registro en tiempos de no guerra. Lo que no queda claro es si esto es un ensayo general, un intento de presión política o las dos cosas.
El pretexto no importa; el contexto sí
A nadie se le escapa que el momento es oportuno. En Tokio, la primera ministra Sanae Takaichi declaró hace pocas semanas, y lo cubrimos en DYS, que un ataque chino contra Taiwán podría activar una respuesta militar japonesa. Y en Taipéi, Lai Ching-te acaba de anunciar un paquete de rearme de 40.000 millones de dólares para “disuadir a China” de tratar de tomar Formosa. La respuesta de Pekín no vino en forma de otra nota diplomática -ya fue suficiente el exabrupto del cónsul chino en Osaka hace un mes-; vino en forma de barcos.
Según revelaron Yimou Lee y Ben Blanchard, hasta el pasado martes había más de 90 buques chinos desplegados activamente en la región. En días anteriores, llegaron a contabilizarse más de 100. Algunos formaban parte de grupos navales organizados; otros se movían de forma autónoma pero bajo coordinación operacional común. No están sólo patrullando. Han realizado simulacros de ataque contra buques extranjeros, ejercicios de interdicción marítima (A2/AD), y maniobras de aviación embarcada. Todo en silencio. Todo como quien no quiere la cosa.
La Oficina de Seguridad Nacional de Taiwán, en boca de su directora Tsai Ming-yen, ha admitido que la isla vigila al detalle al menos 4 formaciones chinas operando en el Pacífico. Pero insiste en que no hay incremento especial cerca del Estrecho. Calma, en teoría, y dentro de los parámetros de tensión en los que viven constreñidos los taiwaneses.
El Ministerio de Defensa japonés, por su parte, se aferra a un lenguaje casi clínico. Dice que no aprecia un aumento “fuerte” desde el 14 de noviembre, aunque admite que el EPL busca ampliar su radio de acción y autonomía táctica en espacios más lejanos. Traducción libre: no nos están apuntando directamente, pero sí están practicando cómo podrían hacerlo.
¿Ejercicio de rutina o “ruido táctico”?
Algunos analistas de la región han calificado el despliegue como “ejercicios de rutina ampliados”… como si fuera normal tener un centenar de buques militares activados sin notificación oficial a lo largo de todos los flancos marítimos disputados de Asia Oriental. ¿Desde cuándo lo “rutinario” necesita ese nivel de opacidad? Hay también quien sugiere que se trata de un test de reacciones, lo cuál tiene mucho de sentido común: qué hacen Japón, Taiwán o EE. UU. ante una demostración inesperada. Como si Pekín jugara una partida de ajedrez con niebla, viendo cuántas piezas puede mover antes de que alguien diga “jaque”.
China no ha escondido nunca que quiere un ejército que pueda operar en “teatros lejanos, en tiempo real y con superioridad local”, lo que el propio Xi llama un ejército de «clase mundial». Lo que sorprende no es el objetivo, sino la escala con la que están entrenando para alcanzarlo, así como la presteza que demuestran. Este despliegue supera el de diciembre del año pasado, cuando Taipéi encendió todas sus alertas. Y aunque ahora no haya comunicado formal ni se detecten signos de escalada inmediata, el mensaje está claro: el EPL puede activar sus flotas cuando quiera, donde quiera y sin necesidad de dar explicaciones.
Si esto es un simple ejercicio, es uno muy bien pensado para parecer algo más que navegar y adiestrar. Si no lo es, es una forma impecable de mantener al adversario en vilo sin disparar un tiro. Sea como sea, los buques están ahí. El mapa está marcado. Y los radares, por si acaso, siguen encendidos.
Redacción
defensayseguridad.es

