España y Marruecos: el secretismo como esencia

España y Marruecos a puerta cerrada: una cumbre sin prensa, sin explicaciones y con demasiadas sombras

Valla fronteriza de Melilla. Foto: Reuters

 

Este 4 de diciembre, el Palacio de la Moncloa acoge una cumbre oficial entre el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y su homólogo marroquí, el primer ministro, Aziz Ajanuch. Un encuentro relámpago —menos de 3 horas—, sin rueda de prensa posterior, sin preguntas de periodistas y con la prensa literalmente excluida, para todo lo que no sea calentar asiento, de los salones donde se hablará de emigración, seguridad, energía, aguas territoriales, comercio y fronteras. Es decir, de todo aquello que afecta directamente a los ciudadanos, y sobre lo que se veta toda posibilidad de la transparencia y amplificación que ofrecen los medios de prensa.

Mientras se ultiman, al menos, una veintena de acuerdos bilaterales —entre ellos sobre cooperación judicial, el corredor del hidrógeno verde y la ya desgastada “lucha conjunta contra la inmigración irregular”—, lo verdaderamente preocupante es la sistemática instauración de una cultura del secretismo en la acción exterior del Gobierno español. Una práctica que, bajo la excusa de la “diplomacia discreta”, se ha convertido en una rutina opaca, antidemocrática y profundamente lesiva para el control público y parlamentario de las decisiones en política exterior.

 Foto: Pool Moncloa/Borja Puig de la Bellacasa

 

Ya no es una excepción, es un patrón. Reuniones sin convocatoria de prensa, sin preguntas, sin transcripción, sin explicaciones. Ni una sola pregunta a Sánchez ni a Ajanuch. Tampoco a los ministros implicados. Nada. Como si el contenido de los acuerdos que puedan comprometer a España en aguas atlánticas, en la gestión del espacio aéreo, o en concesiones en el Sáhara Occidental fuera un asunto privado entre dos administraciones, y no materia sensible de Estado que afecta a la soberanía, la legalidad internacional y los derechos de las comunidades autónomas implicadas, como Canarias, abiertamente excluida de la reunión pese a estar en el centro del tablero geopolítico del que se hablará. No es que hubiera que darle asiento al ente regional canario en la reunión, pero habría sido, cuando menos, decoroso haberla hecho partícipe más estrechamente, habida cuenta de lo que se juega el Archipiélago en la Cumbre.

La ausencia de una rueda de prensa posterior a una reunión de tan alto nivel donde se dirimirán asuntos directamente relacionados con la defensa de España y sus intereses no es un fallo técnico ni una torpeza protocolaria. Es una maniobra deliberada para evitar rendir cuentas en un asunto espinoso hasta lo sagrado. Y lo más alarmante: la prensa generalista, salvo contadas excepciones, lo ha normalizado con una docilidad preocupante. Se ha asumido que hay reuniones con Marruecos que deben celebrarse en la penumbra. Y que los periodistas deben limitarse a reproducir los comunicados conjuntos, redactados de antemano, como si fueran notarios mudos de una realidad que no se les permite interrogar, cuando esa es precisamente su naturaleza, el ser mismo del periodismo. Si algo puede admirarse del sistema norteamericano de comunicación de la Administración del Presidente de turno, es precisamente la profusión de ruedas de prensa abiertas, continuas, libres, donde cada día, el Presidente de los Estados Unidos da cuenta de los asuntos que son de necesario dominio público.

¿Dónde están las preguntas sobre el bloqueo comercial en las aduanas de Ceuta y Melilla, impuesto unilateralmente por Rabat desde septiembre? ¿Dónde está la defensa pública de las empresas y ciudadanos afectados? ¿Dónde están las respuestas sobre la cesión española de 2022 en el Sáhara, sin pasar por el Congreso, ni por el Consejo de Estado, ni por la opinión pública? ¿Dónde están los medios de comunicación -en general- reclamando su papel?

La política exterior no puede ser una zona vedada al escrutinio. Y sin prensa, sin debate y sin luz, todo lo que queda es una política de hechos consumados, donde los acuerdos se firman en silencio y se explican —si acaso— cuando ya es tarde para discutirlos por toda la sociedad o, cuando menos, por los segmentos directamente afectados.

España no puede permitirse seguir gestionando su relación con Marruecos como si fuera una cuestión de alta cocina diplomática al margen de los ciudadanos, el Parlamento y los medios. Lo que se negocia en estas cumbres no son recetas; son fronteras, aguas, flujos migratorios, soberanía, defensa y derechos fundamentales. Y ocultarlos tras las cortinas de la opacidad es una impostura que ya ha durado demasiado.

 

Redacción

defensayseguridad.es

3 respuestas

  1. Evidentemente,el hecho de que sea una reunión opaca,casi clandestina y sin medios de comunicación no presagia nada bueno para España,pero sí para Marruecos que tiene las ideas y objetivos mucho más claros que este gobierno de Sánchez que siempre que ha podido se ha puesto de rodillas ante Mohamed 6;sólo hay que ver el cambio unilateral de posición con respecto al Sáhara Occidental en contra del derecho,la legalidad internacional y nuestros compromisos con ese territorio y el pueblo saharaui al tener la soberanía y ser la potencia administradora del mismo hasta su completa descolonización.
    Ahora van a hablar,y quien sabe si a ceder,en la explotación del monte Trophic,en la gestión del espacio aéreo del Sáhara Occidental y la soberanía sobre sus aguas.Para echarse a temblar.

  2. No se están defendiendo los intereses del país, se esta hipotecando el futuro de Canarias, y no se esta haciendo valer nuestra posición geoestrategica. Somos unos ineptos geopoliticos , solo espero no pagarlo con una guerra o con hambre y pobreza.

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