Ni convidada de piedra: España no estará en una reunión donde se deciden sus inversiones, su futuro y su defensa. La relevancia política se mide en ocasiones como esta.
Jorge Estévez-Bujez

Hoy son el día y el lugar: Bregançon, 28 de agosto de 2025. En una cena de trabajo que se celebrará hoy, en la residencia presidencial de verano de los jefes de estado galos, el presidente francés Emmanuel Macron y el canciller alemán Friedrich Merz abordarán el futuro del FCAS (Future Combat Air System), el ambicioso proyecto europeo en el que 3 países, entre ellos, creíamos, España, se unieron para desarrollar un caza de sexta generación. La cita clave llega precedida por una escalada de tensiones entre 2 de los socios, germanos y galos, que amenaza con descarrilar el programa, estimado en más de 100.000 millones de euros. La más inquietante de entre las consideraciones previas, al menos para nosotros: que España permanece al margen de una decisión que podría determinar su papel en la defensa europea durante las próximas décadas.
La de Macron y Merz será una «cumbre» con apariencia de informalidad y una agenda con alto voltaje estratégico
El encuentro de hoy en Bregançon se celebra justo antes de una reunión más formal de ministros de Defensa en Toulon, prevista para mañana; una especie de preludio para limar aristas, si es que ello fuera posible. Aunque el FCAS no figura en la agenda oficial, nadie duda de que estará en el centro del debate. El objetivo compartido, largamente anunciado semanas atrás, es definir, antes de fin de año, el reparto industrial entre los socios del Programa y el siguiente acceso a la Fase 2, que ya contempla el desarrollo de demostradores voladores, lo que daría marchamo de concreción material al desarrollo del proyecto FCAS.
La mayoría de medios y agencias hicimos un trabajo extra durante las últimas horas, tratando de no perder el paso ante la ingente cantidad de declaraciones e informaciones que se sucedían al respecto, la mayoría de las cuales ofrecían parecido canto fúnebre sobre las consecuencias de la reunión de hoy. Reuters divulgaba ayer un informe crítico en el que Alemania acusa directamente a la industria francesa, encabezada por Dassault Aviation, de bloquear el avance del programa al exigir un liderazgo exclusivo (alrededor del 80 %). Esa demanda unilateral, sostienen fuentes alemanas, comprometería las capacidades futuras del caza, así como la participación equitativa de la industria alemana. En el mismo sentido, esta casa elaboró una columna analizando la peligrosa deriva que está alcanzando el discurrir del Programa, ahogado en una marea de declaraciones altisonantes que han fortalecido, aún más, una turbulencia de muy difícil control.

¿Hacia dónde va el FCAS? Escenarios abiertos desde hoy:
Concesión unilateral de liderazgo (80 %).
Si Francia logra imponer esta cuota, tal como sugiere Dassault, el desequilibrio podría desencadenar una crisis industrial dentro del consorcio. Alemania y España se verían desplazadas a roles secundarios, especialmente en áreas como sensores, comunicaciones, arquitectura de misión o demostradores. Dassault, en boca de su enfant terrible, Trappier, no afloja, ni parece estar dispuesto a hacerlo. El mandatario francés de Dassault ha planteado una estrategia de máximos, de presión constante sobre sus socios alemanes y españoles, en la certidumbre de que los segundos se vendrían a razones, y los que los primeros, una vez sembrado de minas el camino, tendrán que delegar en el brazo político (hoy) una respuesta a su envite a grandes. No nos engañemos: Dasasult no está sola en ésto; Dassault tiene permiso del Elíseo para conducirse como lo ha hecho, arrasando con la paz industrial de los socios y la concordia política del Programa. Sería de inusitada bisoñez concluir que París, silente en lo político hasta ahora, permite que el CEO de su más importante multinacional aeronáutica se pasee por las ferias de medio mundo dinamitando el Programa de defensa más importante de la historia de Europa. Se argumenta en favor de que Francia, el Estado, no está de acuerdo con las declaraciones de Trappier, con fundamento en que ese tan cacareado 80% sería un gasto que París no estaría dispuesto a asumir, que es colosal para uno solo de los socios. Si tal afirmación fuera cierta, ¿por qué guardar silencio? ¿Por qué el Estado francés habría de callar ante la posibilidad de que una empresa, Dassault, decida unilateralmente que el Estado habría de asumir el gasto cienmil-millonario del FCAS si no es porque está de acuerdo en hacerlo? Sería a todas luces más lógico haber procedido a llamar discretamente la atención a Trappier, y advertirle del disparate financiero en que puede introducir a Francia, pero, hasta donde sabemos, éso no ha ocurrido. Macron no ha reconvenido a Trappier, y nada hace pensar que el Elíseo no esté del lado de su aeronáutica de referencia. Por supuesto, todo esto entra en el juego de las hipótesis, pero poco podemos hacer que no sea teorizar, al menos por ahora.
Bloqueo y retraso de la Fase 2
El avance del FCAS ya acumula retrasos, que serán pronto inasumibles para alguno de los socios, España, sino se encarrilan de nuevo las fases y los trabajos toman ritmo. Si no se desbloquea esta fase antes de fin de año —objetivo clave para desarrollar prototipos—, el cronograma para tener un caza operativo hacia 2040 podría colapsar, lo que dejaría a España aún más retrasada en capacidades con respecto de sus socios y aliados. La apuesta del actual Gobierno de no dotar a las FAS con un avión de 5ª generación, y dar el vertiginoso salto desde la generación 4.5ª a la 6ª del FCAS, con ser arriesgada e imprudente, podría sencillamente no ser ya una apuesta si el consorcio tripartito salta por los aires. Ya no se trataría de retrasos en el FCAS, lo que conlleva dramáticas pérdidas de capacidades y potencialidades, sino de que el Programa colapse y se cancele. La consecuencia de tal perspectiva, para España, sería funesta: sin un 5ª generación por propia voluntad, sin un 6ª, y sin plan de contención.

Salida alemana o realineamiento industrial
Según algunos parlamentarios del Bundestag -como apuntábamos ayer-, incluidos del partido del ministro Pistorius (Defensa), Alemania podría plantearse abandonar el FCAS si persisten las exigencias unilaterales. Alternativamente, Berlín tendría la opción de fortalecer el Eurofighter (adquisición de hasta 60 unidades adicionales) o unirse al programa británico-italiano-japonés GCAP. Berlín parece tener algunas balas en la recámara y quiere mostrar cierto poder de reconfiguración. A pesar de que ninguna de las alternativas es el FCAS: ni ofrece las características de un 6ª -en caso del Eurofighter-, ni garantías de entrar en el programa -en el caso del GCAP-, al menos han trazado un par de caminos secundarios, un paracaídas si todo se malogra.
Acuerdo transitorio con mediación futura
Existe una pequeña esperanza de que Macron y Merz logren un acuerdo de mínimos hoy, remediando el reparto y definiendo una hoja de ruta compartida, aunque adulterando el principio igualitario del Programa. Sería, quizá, la opción menos traumática y evitaría fracturas difíciles de reparar en la alianza europea en defensa. No nos engañemos: la posibilidad de que las cosas se reconduzcan hoy también existe, otra cosa es que de un posible nuevo reparto de porcentajes de trabajo y responsabilidad, de las 2 partes cedentes -España y Alemania-, una de ellas, ya sabemos cuál, sufriría un escarnio mucho mayor en su posición.

Alternativas ¿reales?
España, mera espectadora de su proyección futura
Resulta paradójico, cuando menos, de todo puto intolerable, que España, socio del consorcio, con Indra como representante industrial, no participe en una negociación de la que dependerá su peso militar en Europa, su propia seguridad, su desempeño industrial en tecnologías de ultimísima generación y, en clave algo más mundana, su dinero. Observamos con inquietud, con perplejidad, que el devenir del programa sucederá sin que España emita declaraciones oficiales, a priori, donde manifestar posiciones individuales de firmeza, habiendo optado por mantener una posición de silenciosa equidistancia, de mero comparsa, expectante hasta lo inverosímil.
Este silencio – ojalá fuera estratégico, pero más parece una mera omisión en la toma de decisiones- amenaza con caricaturizar a la industria española de subcontratista menor, si es que no lo éramos ya, pese a sus sensibles competencias en comunicaciones, sensores, nube de combate y mando lógico. Nos encontramos ante una desconsideración para la que el Gobierno español difícilmente encontrará justificación tras décadas de integración europea en defensa.
Esta actitud, que algunos quieren interpretar como prudente, encaja más en la desidia política: cuando las decisiones se redactan sin la voz de todos los socios, el resultado probablemente favorezca alternativas sin inclusión real, tanto si supusieran mayor fragmentación futura, como si no.
El papel de España hoy ya ha sido redactado: la espera silente, paciente, de un socio que quiso ser un igual, que jugó para serlo, que pagó para serlo, pero que, en la hora de la verdad, no tomó las armas ni acudió a la cita.
Hoy, mientras Macron y Merz negocien en Bregançon el devenir del FCAS, ocurrirá como siempre: como si el futuro de Europa estuviera de nuevo en sus manos, en una reedición, otra más, de la historia de Europa del último siglo y medio. Y allí estarán en juego miles de millones de euros, el tejido industrial de 3 países y la arquitectura estratégica de la defensa europea de 3 países, pero sólo habrá 2 en la mesa de decisiones. Si Europa desea cimentar una autonomía real ante amenazas globales, el FCAS debería ser un símbolo de cooperación tripartita; no un tablero donde el peso de uno reduzca al silencio a los demás.
España, al margen de la conversación, correrá el riesgo -asumido por Moncloa- de verse relegada y, lo que es más grave, de perder legitimidad en cualquier reparto futuro. Una nación que dice estar comprometida con la soberanía europea -antes incluso que la propia, conviene apuntar- no puede ser un mero testigo cuando se trazan sus líneas maestras.
Jorge Estéve-Bujez
defensayseguridad.es


Un comentario
Varias consideraciones:
Conozco el FCAS de cerca y puedo confirmar que la actitud de la industria española ha sido «vamos a no crear problemas, no vaya a ser que nos dejen fuera». Mentalidad de subcontratista y no de líder.
Lo de Francia no es nuevo, ya pasó con el Eurofigter y el Rafale, otra cosa es que se nos haya olvidado. Por otra parte España entró tarde, cuando el proyecto ya estaba en marcha así que siempre hemos estado «de prestado».
Y estratégicamente cada vez le veo menos sentido a FCAS, la guerra de Ucrania está demostrando la gran vulnerabilidad de los aviones pilotados, por lo que el combate aéreo hay que planteárselo de otra manera, donde las plataformas pilotadas «controlan» pero no «combaten» y para eso se necesita otro tipo de avión.