defensayseguridad -EE.UU. y Europa- España y las compras de armamento estadounidense tras el acuerdo UE-EE.UU.: un análisis ponderado.

 

España y las compras de armamento estadounidense tras el acuerdo UE-EE.UU.: un análisis ponderado.

Está lejos de cerrarse la caja de los truenos que ha provocado el reciente acuerdo entre la Unión Europea y Estados Unidos -presentado el 28 de julio en una cumbre en Escocia- y que incluye un compromiso político europeo de adquirir armamento -y energía- estadounidense por un valor estimado de 600.000 millones de dólares. En defensayseguridad (DyS) queremos dar pie a un pequeño y saludable debate al respecto, porque, puestos a ser obligados a comprar, habrá que elegir bien. Valga anotar que no se trata de una obligación legal vinculante, ni existen cifras confirmadas oficialmente, pero, a pesar de ello, analistas a ambos lados del Océano han comenzado a estudiar qué sistemas de armamento podrían encajar en esa hipotética compra. Mediante este breve análisis queremos examinar aquellas opciones técnicamente plausibles y que, según puede deducirse de manera más o menos razonada, estarían realmente sobre la mesa.

 

Defensa aérea: PAC‑3 MSE. Opción consolidada que puede escalar

Una de las adquisiciones más avanzadas -técnica y contractualmente- es la compra de misiles PAC‑3 MSE (Patriot Advanced Capability‑3 Missile Segment Enhancement). Los contratos entre Lockheed Martin y el Ministerio de Defensa español están firmados desde junio de 2024, convirtiendo a España en el 16º país asociado al programa. Además, en esta ocasión, la ingeniería española, representada por Sener, participa por fin en el diseño y producción en España de componentes clave del sistema, reforzando así la cadena industrial nacional y participando en uno de los programas estrella de los tiempos recientes. Más allá de las baterías contratadas por España hace poco más de año y medio -4 con 6 lanzadores cada una-, el MinDef (Ministerio de Defensa) se comprometió en una compra conjunta de 1.000 misiles PAC-3 junto a Alemania, Países Bajos y Rumanía.

Batería Patriot

La adopción del PAC‑3 MSE, en el caso de España, responde a una necesidad real, no disponible -o no viable políticamente- en otros mercados. Modernizar la defensa antiaérea en su capa más exterior y ante amenazas emergentes como misiles de crucero o tácticos, era perentorio.

Si el acuerdo UE-EEUU significará el aumento de los pedidos de misiles (poco probable dado el pedido de esos 1.000 misiles a repartir) o de baterías, es pronto para saberlo; pero no cabe duda que sería uno de los sistemas de armas a tener en consideración.

 

Cazas F‑35B: una opción evaluada, aunque pendiente

Entre muchos de los analistas de defensa españoles, el Lockheed Martin F‑35B –versión STOVL (despegue corto y aterrizaje vertical)– figura desde hace años como el candidato lógico para reemplazar al Harrier (EAV‑8B “Matador II”) en la Armada. Es del todo normal, no hay otro y no es discutible, sobre todo de cara a mantener el ala aérea embarcada en su esencia actual STOVL. Aunque el Gobierno actual no ha confirmado ningún contrato, ejecutivos de la industria como Lockheed aseguran que las conversaciones siguen abiertas, a pesar de la negación formal de Madrid.

El «siguiente», el «deseado», goza de adeptos y detractores, como es natural; además, está la cuestión del «botón de apagado», que tanto dio que hablar meses atrás. El coste por hora de operación, la dificultad de la logística y el mantenimiento, el nulo acceso al software… Podríamos entrar también con la disponibilidad operacional -largamente cuestionada- y las restricciones de uso (o no), y ya tendríamos casi todos los caballos de batalla que enfrentan a partidarios y críticos.

F-35B. Foto: L. Martin

Pero no se puede dejar de mencionar que, por otra parte, el F‑35B plantea también múltiples ventajas operativas, especialmente en proyección embarcada, interoperabilidad OTAN y modernización naval, es algo indudable.

El F-35B es, sin ningún género de duda, uno de los sistemas de armas que podrían formar parte de ese acuerdo. La clave, como siempre, está en los tiempos políticos, en la voluntad y, a buen seguro, en algún trasfondo muy oculto, que se nos escapa a la mayoría, y que tendrá que ver con variables político-económicas que mantienen la incertidumbre hasta la fecha.

 

Tomahawk: ¿vuelta a empezar?

No estaría exento de cierta lógica volver sobre nuestros pasos y plantear de nuevo la posibilidad de la compra del misil de crucero Tomahwk Block IV. Como sabrá el lector, España desechó la posibilidad de adquirir un lote ya autorizado, años atrás. No volveremos sobre ello, porque no tiene más tela que cortar. Pero sí es una capacidad relevante que en Europa apenas se replica si no es por el Misil de Crucero Naval (MdCN) de MBDA, que otorga capacidades similares (hasta 1.400 kilómetros de alcance y cabeza explosiva de 300 kilogramos).

Así pues, el Block IV, pese a todas las reticencias y suspicacias de que pueda ser reo, es un argumento formidable para cualquier marina de guerra del mundo, especialmente para las que no disponen de pegada suficiente, como es nuestra Armada.

A pesar de la manifiesta carencia de nuestra marina de guerra en este espectro de la guerra naval, sería del todo extraño que se planteara la compra de nuevo, pero es una posibilidad, por remota que parezca.

 

El contexto político es el que es entre Madrid y Washington. España mantiene oficialmente una postura de gasto de defensa que quiere ser compatible con un teórico 2,1 % del PIB para 2025, rechazando, pero firmando, el nuevo objetivo del 5 % acordado por la OTAN, que incluye 3,5 % para capacidades militares y 1,5 % para seguridad secundarias. Ahora llega la firma del acuerdo comercial de Europa y EE.UU., y las aguas vuelven a agitarse de nuevo tras la tormenta de La Haya, en cuya cumbre quedamos marcados de manera expresa, no sólo por Trump, sino por muchos aliados. Tampoco es un debate que podamos abrir aquí hoy, el de la idoneidad y lo factible de alcanzar un 5% cuando apenas rozábamos el 1.2% hace días, como quien dice.

Asimismo, cabe destacarse que España ha solicitado 1.000 millones de euros en préstamos del fondo europeo SAFE para financiar nuevos proyectos de defensa sin recurrir a una suspensión de las reglas fiscales. Esta estrategia financiera viene a limitar los escenarios de grandes contratos sin impacto fiscal directo. Por otro lado, se están dando los primeros pasos para que la industria local logre avanzar bajo esquemas de cooperación europea, priorizando adquisiciones compartidas y desarrollo nacional. Es, por tanto, una situación compleja el comprometer políticamente gasto al otro lado de la Mar Océana, y querer seguir creciendo al mismo tiempo en capacidades industriales con compromisos europeos que van a suponer desembolsos masivos (valga el FCAS como muestra).

Valoración española

Desde ayer venimos asistiendo a una cascada de críticas mordaces y reclamos dolientes de todas las esquinas del Viejo Continente. Pocos son los analistas que se descuelgan de la tesis mayoritaria, cual es que el Acuerdo es, sencillamente, abusivo. En general, se califica el pacto comercial como un gesto de subordinación europea ante Washington, con consecuencias negativas para la autonomía estratégica del bloque. Pero, con ser los menos, hay quien se siente incluso un tanto aliviado y califica lo ocurrido como “la mejor de las peores opciones” -disculpen si no cito su procedencia, pero la he olvidado-. Por lo general, y siendo contenidos, «acto de vasallaje» es uno de los recursos retóricos más habituales que pueden leerse.

España, por su parte, tiene un déficit comercial notable con EE.UU. (unos 5.000 millones de euros en lo que va de 2025), lo que pone en duda el impacto de aranceles al tratarse de compras desde Europa. Aun así, miembros del Gobierno y patronales sindicales critican el acuerdo por debilitar la posición negociadora europea y atentar contra el multilateralismo.

 

La «obligación» en que nos ha metido Von Der Leyen está ahí. Podemos maldecir, tomarla con improperios, exabruptos y negar la mayor, pero poco más. Así que, ya puestos, y si nadie va a librarnos de la imposición -y mucho menos nosotros solos- debemos aceptar que la soberanía de según qué cuestiones nos queda muy lejos, en feudos que ya no son parte de nuestra Monarquía Hispánica, por más que se substancien en predios que un día lo fueron. Así las cosas, adoptar un tono pragmático será quizás lo más recomendable. Europa es la que es, la que la mayoría parece querer, y ésto forma parte de esa Europa.

 

Jorge Estévez-Bujez

defensayseguridad.es

 

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